Artesanía

La música, la divisa de la emoción

Bajar

En tiempos difíciles, hacer música puede ser tan esencial como disponer de alimento y de un techo

“Si estos árboles hablaran, ¿qué nos contarían?”

Esta pregunta me hizo detenerme por un momento y pensar qué era exactamente lo que estaba viendo. Tenía delante un hermoso banco de madera construido con una sola pieza cortada de una secuoya. La persona que había formulado jocosamente esa pregunta sin respuesta era un amigo mío, casi 70 años mayor que yo, que había visto más cosas de las que la mayoría de nosotros tendría la suerte de ver en dos vidas. Él mismo había construido aquel banco (“un sitio sencillo para sentarse un rato”, en su humilde descripción) a partir de un árbol muy viejo que había caído durante una tormenta unos 30 años antes. Ese hombre había vivido muchísimo y dejado una obra extraordinariamente prolífica, pero era plenamente consciente de lo fugaz que es en realidad el tiempo de una vida. Cuando me encuentro ante un árbol con siglos de antigüedad, la escala temporal de la vida humana parece encogerse.

Desde que escuché esa pregunta por primera vez, le he dado vueltas prácticamente cada vez que he construido un instrumento. ¿Qué diría este árbol, esta guitarra, si pudiera hablar? Tratándose de especies de madera, muchas veces nos preguntamos dónde creció exactamente un árbol o qué diferencias hay entre árboles del mismo tipo que se han desarrollado en territorios distintos. Es divertido imaginar a dos árboles de pícea que han crecido en países vecinos y conversan en idiomas diferentes solo porque un topógrafo decidió trazar en un mapa una línea que dividía el paisaje. La realidad es que muchos árboles tienen un ciclo de vida tan radicalmente alejado del nuestro que el lugar en el que trazamos nuestras líneas no parece preocuparles en absoluto. Sin embargo, cada uno de esos árboles tiene una historia única que se revela en las líneas y espirales del veteado, y esas historias acaban entrelazadas en las guitarras que tanto amamos. Es inspirador apreciar que los instrumentos están construidos con árboles diferentes que tienen su propia experiencia individual. En una misma guitarra podemos encontrar maderas de los trópicos, de climas septentrionales; de Europa, Asia, Oceanía y las Américas. Incluso da la impresión de que el instrumento es como un espejo que refleja las variadas procedencias de sus intérpretes.

La guitarra se ha considerado un instrumento universal, y yo creo que eso tiene que ver con el hecho de que todos nosotros, como personas, tenemos una experiencia compartida y una curiosa necesidad de rodearnos de arte y música. Y digo curiosa porque, a primera vista, la música no parece un bien imprescindible. El alimento, el refugio y la protección son necesidades elementales obvias; servicios esenciales, para usar la terminología de nuestros días. Es lógico que gran parte de nuestro día a día se centre en satisfacer estas exigencias. Pero, cuando las experiencias de la vida desbordan los meros requisitos de sustento físico, ¿a dónde podemos acudir? En los momentos en los que intentamos dar algo de sentido a lo que sucede a nuestro alrededor, la eficiencia y la productividad ofrecen poco o ningún consuelo. Por ejemplo, las palabras no pueden expresar por sí solas la angustia por la pérdida prematura de un amigo. También son totalmente insuficientes para expresar una euforia desbocada. Ahí, el arte, la música y el factor humano de la experiencia de la vida dejan de ser lujos para convertirse en medios de supervivencia, en la divisa de la emoción. 

“La historia nos enseñará que, en tiempos tan tremendamente inciertos, las personas recurren al realismo de la creación musical para conectar con su familia, sus amigos, sus comunidades y sus propios pensamientos.”

Como instrumento, la guitarra acústica es un cómplice ideal para compartir nuestros relatos, ya que nos ofrece portabilidad, accesibilidad y una sencilla honestidad perfecta para la expresión directa e inmediata del espíritu humano. Es la antítesis del aislamiento de la realidad virtual. La guitarra puede ser una vía de conexión y un puntal en el que apoyar nuestra psique en una época de aparente crisis existencial. Por lo tanto, no debería sorprendernos que durante estas últimas semanas y meses la gente se haya lanzado a aprender a tocar la guitarra por sus propios medios, mientras el mundo intenta lidiar como puede con la incertidumbre a la que se enfrenta. 

Han pasado tantas cosas, y tan rápido, que casi no hemos tenido tiempo ni siquiera para asombrarnos. Incluso la forma en que asistimos a la música en directo se ha transformado. Una noche clara de abril en la que estábamos sentados alrededor de una hoguera en el jardín, un buen amigo que se dedica a tocar profesionalmente comentaba que, teniendo en cuenta que su trabajo se basa en grandes grupos de personas, no tenía muy claro cómo iban a ir las cosas en el futuro. Pero a pesar de los cambios en el marco de la música, ahí estábamos nosotros, comunicando con canciones lo que las palabras no podían transmitir adecuadamente. La historia nos enseñará que, en tiempos tan tremendamente inciertos, las personas recurren al realismo de la creación musical para conectar con su familia, sus amigos, sus comunidades y sus propios pensamientos. Y, en estos días insólitos, estamos asistiendo a un amplio y fresco renacimiento de la creatividad artística.

Aunque en ningún caso podíamos haber previsto las circunstancias actuales, nosotros ya llevábamos un tiempo trabajando en un proyecto de instrumento que ahora parece más pertinente de lo que era posible imaginar cuando lo pusimos en marcha. Nuestra nueva guitarra Grand Theatre, o GT para los amigos, se diseñó para ser la compañera perfecta y que puedas sostenerla, tocarla y expresarte fácilmente a través de ella. Quiere ser un instrumento inclusivo con una voz seductora tanto para los intérpretes experimentados como para los novatos y los que están entremedias. La idea es que sea una guitarra universal que te permita hacer música para tu propia satisfacción o para complacer a tu familia, a tus amigos, a propios y a extraños que solo lo son porque aún no les conoces. Es un instrumento hecho para que compartas tus canciones donde sea, en un escenario o alrededor de una hoguera, porque ahora son más necesarias que nunca. Esta guitarra está construida con madera maciza de varios árboles; algunos viejos, otros más jóvenes. Cuando contemplamos esas piezas de madera y nos preguntamos qué dirían si pudieran hablar, sabemos que no pueden hacerlo. Pero juntas, no hay duda de que saben cantar. Esperamos que disfrutes de estos instrumentos tanto como nosotros.

Andy Powers, Diseñador jefe

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