women working at tree nursery

Sustainability

Semillas de cambio para un mundo en transformación

Bajar

En una era de cambio climático, cultivar el árbol correcto en el lugar adecuado es más importante que nunca.

En los últimos diez años, la reforestación se ha convertido en un movimiento global. Podríamos hacer una analogía con el mayor (y más largo) festival de música del mundo, con actuaciones en directo en escenarios de todo el planeta. Los cabezas de cartel serían el Desafío de Bonn, que tiene el objetivo de restaurar 350 millones de hectáreas de paisajes degradados y deforestados de cara al 2030; el Acuerdo de París, establecido para luchar contra el cambio climático, y la Declaración de Nueva York sobre los Bosques, un esfuerzo internacional para detener la deforestación mundial impulsado por 200 instituciones, incluidos gobiernos nacionales, empresas multinacionales, grupos representantes de comunidades indígenas y organizaciones no gubernamentales.

Como teloneros, estarían los proyectos de restauración a nivel regional como la Iniciativa 20×20 en Latinoamérica o el plan AFR100 (Iniciativa para la Restauración del Paisaje Forestal Africano). En los escenarios secundarios encontraríamos programas locales y de próxima implantación que suelen estar arraigados más profundamente en las comunidades. Entre ellos estaría el trabajo de Taylor Guitars a través del Proyecto Ébano en Camerún, Paniolo Tonewoods en Hawái y nuestras incipientes actividades con árboles urbanos en California, nuestro estado. A la vez, habría innumerables músicos de todo el mundo tocando espontáneamente en carpas laterales del festival e incluso en la zona de aparcamiento.

Vista en conjunto, la escala de las iniciativas de restauración forestal actualmente en curso o en fase de conversaciones no tiene precedentes. Y hemos pensado que sería un buen momento para comentar desde nuestra perspectiva este tema cada vez más candente. Antes de entrar en materia, vale la pena señalar que en la Tierra hay múltiples ecosistemas importantes y no todos ellos están dominados por masas arbóreas, como es el caso de los bosques de dosel abierto, las turberas, las praderas, los chaparrales, la tundra y los desiertos. Por lo tanto, hablaremos de reforestación aplicada únicamente a las zonas en las que sería indicada.

Bosques y agricultura

Plantar árboles parece algo muy fácil. Pero igual que ocurre con tantas otras cosas, decidir qué árboles cultivar y dónde hacerlo no es tan sencillo. Sin ir más lejos, las necesidades de una población mundial de 7800 millones de personas (y subiendo) con una demanda creciente de alimentos, fibra y combustible hacen que la tierra apta para el arado sea un bien escaso. Las extensiones planas son las más eficientes económicamente de cara a cultivos o prados temporales dedicados a la siega o al pastoreo. La competencia por este tipo de tierras es una de las razones por las que en las regiones templadas aún se pueden ver bosques nativos en laderas o barrancos en los que la agricultura sería costosa. Este factor también está detrás de la importante expansión agrícola que se está produciendo en los trópicos, donde hay zonas muy vastas de tierra plana con pocas rocas y mucho sol. Más del 70 % de la pérdida de bosques tropicales se debe a la conversión de tierras para la producción a gran escala.

Más del 70 % de la pérdida de bosques tropicales se debe a la conversión de tierras para la producción a gran escala.

La necesidad de satisfacer la creciente demanda mundial de alimentos, fibra y combustible en una época de cambio climático ayuda a explicar por qué la mayoría de los principales proyectos de plantación de árboles de las últimas décadas han dado prioridad a unas pocas especies rentables y muchas veces exóticas. Esta circunstancia también está relacionada con la coexistencia de dos estadísticas aparentemente contradictorias, según las cuales, en algunos países se está dando al mismo tiempo un aumento general de la cubierta forestal y una reducción de los bosques nativos. No existe un consenso universal para una definición del concepto de bosque y, mucho menos, del de reforestación. Probablemente, no tendrá la misma visión del asunto una empresa del sector del aceite de palma que un silvicultor, un ecologista, un sociólogo, un activista medioambiental y un funcionario del gobierno.

Desde el punto de vista económico, las especies exóticas suelen garantizar años (o incluso décadas) de rápido crecimiento, porque están separadas de los depredadores naturales de su entorno nativo. Los árboles en crecimiento absorben carbono, y la madera se considera cada vez más un material de construcción ecológico por encima del acero y el hormigón. El cultivo de nuevos árboles también puede reducir la tasa de deforestación de los bosques nativos cercanos, ya que los habitantes de la zona no tendrían tanta necesidad de recurrir a esos bosques nativos para buscar madera o leña. Visto así, el cultivo de árboles de crecimiento rápido y rotación corta tiene sentido, pero hay que equilibrar el repertorio. Para que nuestro planeta (y nuestro festival metafórico) pueda sobrevivir, debemos tomar decisiones informadas e intencionadas, y para favorecer la resiliencia necesitamos diversidad.

Desde una óptica ecológica, el cultivo de árboles nativos ofrece los mayores beneficios, ya que las especies autóctonas han evolucionado para competir y sobrevivir en una relación simbiótica con la flora y fauna del entorno. Estas especies de árboles también tienden a atraer más insectos, lo cual supone una importante fuente de alimento para las aves nativas que a su vez esparcen semillas y contribuyen a la reproducción de una gran variedad de plantas. Por su parte, los insectos intervienen como predadores sobre esas plantas y mantienen sus poblaciones controladas. Nunca se insistirá lo bastante en la importancia de proteger y ampliar las zonas de bosque nativo, una necesidad que se hace más evidente a medida que vamos entendiendo mejor los sistemas ecológicos que sustentan la vida en la Tierra.

El clima ya no es lo que era

Los debates sobre qué plantar y dónde hacerlo no son ninguna novedad. Independientemente de lo que cada persona opine sobre el tema, el cambio climático está afectando a todo. De hecho, está en el epicentro de muchos planes de reforestación con financiación internacional impulsados por legisladores que están movilizando fondos y buscando incentivos para frenar, reducir y con el tiempo revertir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero el cambio climático también está influyendo en el propio acto de cultivar árboles. Para entenderlo mejor, fijémonos en Islandia, en la región del Atlántico Norte.

Aunque la primera imagen que te pueda venir a la cabeza sea la de una isla volcánica caracterizada por montañas, glaciares y campos de arena y lava, Islandia tuvo en su día una importantísima masa forestal. Hace unos 1000 años, los colonizadores despejaron la tierra e introdujeron ganado, exponiendo zonas de suelo en una isla azotada por fuertes vientos y creando unas condiciones que obstaculizaban la regeneración forestal.

En un intento por recuperar los bosques, los islandeses empezaron a plantar especies nativas. Sin embargo, unas décadas después se dieron cuenta de que la nueva masa forestal estaba desapareciendo. Las condiciones habían cambiado (los inviernos eran más suaves y los veranos más largos), y muchos de los árboles nativos no podían sobrevivir.

Los árboles están cambiando gradualmente de latitud o moviéndose hacia lugares con más elevación. Sí: con el tiempo, los árboles también migran.

Cuando se trajeron al país especies exóticas mejor adaptadas a ese nuevo medio, el bosque empezó a afianzarse. Conclusión: en algunos lugares, el cambio climático está superando en velocidad a la evolución de nuevos rasgos de los árboles que ayudan a determinar cuánto calor necesitan en verano, hasta qué punto toleran la sequía o cuándo empieza o se detiene su crecimiento estacional, por ejemplo. En todo el mundo estamos viendo cómo plantas y animales abandonan sus territorios históricos y se trasladan a zonas más adecuadas para ellos o, en el peor de los casos, acaban muriendo. Los peces tropicales están migrando desde el ecuador hacia el norte o el sur para encontrar aguas más frías. Los árboles están cambiando gradualmente de latitud o moviéndose hacia lugares con más elevación. Sí: con el tiempo, los árboles también migran.

Más cerca de Taylor Guitars tenemos otro ejemplo de cómo el cambio climático está alterando las reglas del juego. Actualmente, el gobierno de los Estados Unidos aboga por la plantación de «árboles preparados para el clima» en las ciudades de California. Estos árboles se adaptan fácilmente a condiciones ambientales variables, como una mayor probabilidad de sequías. Muchas de las especies sugeridas proceden de lugares como Australia, India, México o Brasil.

Que no paren los bosques

El cambio climático es una cuestión tremendamente complicada. Las investigaciones científicas indican que lo mejor que podemos hacer para paliar su impacto es reducir nuestro consumo de combustibles fósiles. El cultivo de árboles no es una panacea, pero es una muy buena idea. Ahora mismo, estamos intentando restaurar sistemas naturales mientras nos hacemos cargo de una población mundial en constante crecimiento. Y, a veces, esto se parece a tener a los Sex Pistols en un escenario y a la Filarmónica de Nueva York en otro al mismo tiempo.

El 1 de marzo del 2019, la Asamblea General de la ONU adoptó oficialmente una resolución que declara el período 2021–2030 como la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de Ecosistemas. Y en el 2020, el Foro Económico Mundial de Davos lanzó la plataforma Trillion Trees para apoyar esta iniciativa. Con proyectos como TerraMatch, una especie de web de citas[h1]  orientada a la plantación de árboles, se están financiando grupos locales experimentados para que lleven a cabo la reforestación de forma adecuada. Los investigadores también están aprendiendo a sacar más partido a los satélites para entender mejor dónde crecen los árboles, lo cual ayuda a hacer un seguimiento de los progresos hacia esos ambiciosos objetivos. Parece que, miremos donde miremos, algo se está moviendo.

Al afrontar los desafíos y complejidades de la reforestación en todo el mundo, no está de más tener en cuenta que las pruebas arqueológicas y etnobotánicas demuestran que la humanidad ha sobrevivido y prosperado manipulando el entorno y desplazando plantas y animales de un sitio a otro. Ahora, la plantación de árboles puede adaptarse a nuestras necesidades para mejorar, y no empobrecer, el mundo que nos rodea. Como dice el dicho: «el mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora».

Con los socios y recursos adecuados, el conocimiento local y el empoderamiento de las comunidades implicadas, podemos lograr que nuestro festival de restauración global sea un evento que no acabe nunca.

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