En tono cómplice

Bajar

Andy Powers, el luthier jefe de Taylor, reflexiona en profundidad sobre la evolución del diseño de nuestros instrumentos y los muchos factores que influyen en la personalidad musical de una guitarra acústica, incluido el intérprete.

Andy Powers y yo nos encontramos junto a una espléndida mesa de trabajo que domina su taller recientemente renovado en el campus de Taylor. Este estudio ordenado, espacioso y bañado por la luz natural de las grandes cristaleras que hay en uno de los lados, resultaría de lo más inspirador para cualquier amante de la madera y la carpintería, y es un entorno ideal para hablar sobre el punto en el que se encuentra la fabricación de guitarras en Taylor. El taller está equipado con unas hermosas mesas de trabajo y armarios hechos a medida con excedentes de sapele, acacia negra, ébano y otras maderas que no se utilizaron para piezas de guitarra (incluso el suelo ajedrezado de ébano y sapele viene de ahí). El ambiente es refinado, rústico, cálido, sin pretensiones y muy funcional.

En última instancia, lo que escuchas de una guitarra acústica es una combinación de todos sus elementos.

En este estudio todo está cuidadosamente organizado, desde las estanterías con juegos de maderas para futuros prototipos de guitarras hasta una estructura en forma de A con todo tipo de abrazaderas, lijadoras y demás artefactos esenciales. Entre ellos está la niña de los ojos de Andy, una indestructible sierra de cinta Davis & Wells fabricada antes de la Segunda Guerra Mundial.

«Bill Collings me la hizo descubrir», recuerda antes de ponerse a ensalzar las maravillas de su rendimiento. «Y tengo la suerte de tener otra en el taller de mi casa».

Como artesano, Andy dice que siempre se ha fijado en los entornos que la gente se crea para vivir y trabajar.

«Mi padre ha sido carpintero desde que tengo uso de razón, aunque lo máximo que yo me acerco al negocio familiar es cuando hago chapuzas en mi casa. Sin embargo, esos antecedentes me han llevado a interesarme por los espacios que la gente se procura, porque reflejan una manera de vivir, de ver las cosas, de relacionarse con el entorno».

Andy es consciente de que, a raíz de la pandemia, muchos de nosotros nos hemos visto obligados a cambiar radicalmente nuestros hábitos de vida y trabajo durante los últimos dos años. Si ha habido algo positivo en este período de reflexión colectiva, podría ser la forma en que nos ha hecho reconsiderar nuestras prioridades y quizá mirarlo todo desde una nueva perspectiva que nos ayude a hacer un reset para dar más significado a nuestras vidas.

Algunas personas decidieron aprender a tocar la guitarra; otras volvieron a ella después de una larga pausa. Por su parte, Andy aprovechó la ocasión no solo para rediseñar su espacio de trabajo, sino también para meditar sobre su relación con el arte de la construcción de instrumentos.

No todos tocamos ni escuchamos igual, y yo tampoco quiero construir todas nuestras guitarras exactamente de la misma forma.

«Ahora mismo, hacer guitarras me entusiasma más que nunca», afirma. «Llevo mucho tiempo en ello, y me sigue encantando. Igual que ocurre con cualquier relación a largo plazo, con el tiempo se producen cambios y hay un crecimiento. Creo que es importante detenerse un momento, mirar de frente al instrumento y preguntarse: ¿cómo lo abordo ahora? ¿Cómo ha evolucionado esta relación? También vale la pena reparar en los componentes. Hemos trabajado con miles de piezas de caoba, arce o pícea, pero es bueno hacer una pausa y pensar: ‘normalmente lo hacemos así, pero ¿y si lo hiciéramos asá?’. Tengo la sensación de que todavía queda mucho por descubrir sobre la madera y los instrumentos que construimos con ella».

Aparte del amor por la carpintería que comparte con su padre, parece que Andy también lleva en la sangre el gusto por la innovación. En la pared tiene enmarcadas varias reproducciones de dibujos de patentes de su tatarabuelo, Arthur Taylor (sí, se llamaba Taylor), hechos a mano a principios del siglo XX. Esos inventos van desde un encendedor de chispa para motores de combustión interna hasta una cabeza de martillo con un dispositivo en el extremo que permitía colocar un clavo con una sola mano.

Tal como Andy comenta, «es divertido contemplar esos dibujos e imaginarse a mi tatarabuelo mirando a algo tan cotidiano como un martillo desde una nueva óptica para mejorar su función».

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Como este número de Wood&Steel incluye nuestra guía de guitarras, pensamos que era una ocasión inmejorable para ponerla en contexto hablando con Andy sobre sus proyectos en Taylor, la evolución de nuestra línea de instrumentos y la dirección en la que cree que irá el futuro. Una cosa está clara: si en nuestro catálogo actual tenemos más diversidad que nunca en cuanto a personalidades de guitarras, es gracias a los diseños visionarios de Andy.

Llevas 11 años en Taylor. Visto en perspectiva, ¿tienes la sensación de que entraste con una misión creativa determinada y acordada entre Bob y tú?

No empezamos con ninguna misión o mandato que tuviera que ver con el diseño, salvo el objetivo de que nuestras guitarras fueran más musicales. Ese es el «noble camino» de Taylor, por decirlo así. Nuestro trabajo como constructores de guitarras es servir a los músicos. A mí me parece genial que nuestros instrumentos puedan llegar a ser piezas de colección y que el público los aprecie por su belleza, pero nosotros pensamos ante todo en las personas que los van a usar para hacer música. A simple vista, tocar un instrumento es algo muy poco práctico. Sin embargo, yo pienso que es absolutamente esencial como vehículo para expresarse y darle sentido al mundo. Por lo tanto, quiero que cada una de nuestras guitarras sirva a un propósito musical.

Y ese propósito puede variar de una guitarra a otra, ¿no?

Cada guitarra debe servir a un propósito especial. No pueden ni deben funcionar exactamente de la misma manera. Cuando toco nuestras muchas guitarras, lo primero que me llama la atención es que todos los modelos suenan esencialmente musicales, como debería ser la norma. Pero, más allá de eso, cada guitarra se percibe de forma diferente. Unas suenan intimistas, otras rotundas; algunas proyectan muy lejos, otras son muy sensibles al tacto; las hay cálidas, oscuras o brumosas, y también alegres y vibrantes. Unas están en su salsa en una habitación bonita y tranquila; otras han nacido para deslumbrar en los grandes escenarios. Todas tienen diferentes objetivos y personalidades, y ahí es donde yo veo el valor de construir guitarras de distintos tipos. Hay muchas particularidades que hacen que un instrumento sea especialmente adecuado para una cosa en concreto.

Seguro que cuando llegaste a Taylor ya estabas familiarizado con nuestras guitarras. ¿Identificaste de entrada alguna oportunidad inmediata para diversificar aún más nuestra línea?

Sí, vi una vía muy clara en la que podíamos seguir desarrollando nuestra oferta. Si miras las guitarras que fabricábamos hace 15 años, verás muchas similitudes en la construcción. Las dos grandes variables que modificábamos eran el contorno y la madera del fondo y los aros. La mayoría de los componentes internos eran idénticos de una guitarra a otra. Algunos se retocaban ligeramente para que encajaran mejor, pero en general eran muy parecidos. Y, tal como yo lo veía, ahí había campo abierto para ofrecer un repertorio de sonidos más amplio.

Recordemos que tú venías del mundo de los instrumentos personalizados, ya que todas tus guitarras estaban hechas para ajustarse a las necesidades específicas de cada cliente.

Sí, yo tenía experiencia en el extremo exactamente opuesto en términos de producción. Cuando alguien me encargaba un instrumento, le preguntaba: «antes de que decidamos si va ser una guitarra eléctrica, con tapa curvada o plana, etcétera, ¿cómo quieres que suene? ¿Qué música escuchas? ¿Qué tipos de sonidos te gustan? ¿Qué tipos de sonidos no te gustan?». Partiendo de ahí, empezábamos a ver qué podíamos hacer para llevar el instrumento al resultado deseado. Viniendo de esa experiencia, la variedad musical me sigue interesando mucho. Me gusta la diversidad de músicos, géneros, tipos de composición, estilos de interpretación. Es algo fantástico. No todos tocamos ni escuchamos igual, y yo tampoco quiero construir todas las guitarras exactamente de la misma forma.

Once años después, ¿cómo valoras la evolución de la línea de guitarras Taylor?

Estoy muy orgulloso del punto en el que estamos como fabricantes de guitarras. Los modelos que hacemos actualmente ofrecen más variedad sonora que nunca, y con diferencia. Esa variedad también está presente en la estética visual, la función musical, el tono, la sensación… Y todo ello se cimenta sobre unas cualidades fundamentales que queremos mantener siempre. Bob describiría esas cualidades como los elementos objetivos que él persiguió durante décadas. Para mí, son principios irrenunciables. El instrumento tiene que ser cómodo y sonar bien. La configuración física debe ser impecable, el mástil tiene que estar recto, la guitarra debe ser fiable y precisa, las notas tienen que sonar afinadas, la mecánica no puede tener ni un fallo. Cuando has conseguido todo eso, entonces ya puedes empezar a pensar en moldear el sonido. Hoy en día contamos con equipos modernos que permiten calibrar la sonoridad con análisis de espectro y cosas por el estilo, pero a mí me parece más útil evaluar los sonidos en función de la interpretación artística. Siempre puedes considerar una guitarra en términos técnicos y decir que tiene un grado de sensibilidad «x» en una frecuencia de «y» hercios. Pero lo que yo siento es si esa guitarra es sensible a la forma en que yo pulso las cuerdas, o si transmite emotividad porque puedo articularla delicadamente o con fuerza, tocarla con mano dura o con mano dulce, y el instrumento responde a todos los estímulos. Cada diseño es como una invitación a tocar de una cierta manera. Con nuestras nuevas guitarras Grand Orchestra, te dan ganas de coger una púa bien gruesa y darles caña: sacan un sonido enérgico e intenso, el «espresso triple» de los tonos acústicos. Tienen mucho poder. A mí me gusta la variedad de colores sonoros y los considero según lo que me hacen sentir como músico.

La era del varetaje V-Class empezó hace ya algunos años, y parte de lo que prometía era aportar un nuevo motor sonoro capaz de abrir nuevos horizontes para el desarrollo continuo. Sin ir más lejos, el varetaje C-Class para las guitarras GT salió de ahí. ¿Está respondiendo a tus expectativas el sistema V-Class?

Bien, es innegable que estamos sacando partido a las oportunidades de desarrollo que ofrece el varetaje V-Class. Me encantó poder implementar el diseño asimétrico C-Class en las guitarras GT, y hay más proyectos futuros en esa dirección. De hecho, las propias guitarras V-Class se pueden ajustar de múltiples formas. Incluso hemos llegado a crear distintos patrones de varetaje para el fondo adaptados a varios modelos para los que usamos maderas similares. Esas voces diferentes se manifiestan en función de cómo se hagan los retoques. Por ejemplo: si te fijas en el varetaje del fondo de una 652ce Builder’s Edition de arce de 12 cuerdas, verás que el perfil es muy distinto al de nuestras otras guitarras de arce. La posición de las varetas y el remate de sus puntas se han ajustado a ese modelo en concreto.

También has ampliado la paleta sonora de Taylor con nuevos estilos de caja como la Grand Pacific. Ahora que los modelos Grand Pacific y GT están llegando a cada vez más músicos, parece que estamos ante una importante diversificación del atractivo de la línea de guitarras más allá de nuestro buque insignia Grand Auditorium, que durante mucho tiempo ha sido considerado por el público como el heraldo del sonido distintivo de Taylor.

Sí, algo de eso hay. A todos se nos conoce por nuestro trabajo, seamos constructores de guitarras, músicos o artistas de otras disciplinas. A la gente le es muy fácil identificarte con una cierta idiosincrasia cuando eso se convierte en la mayor parte de lo que haces. Es como escuchar a tu grupo favorito: te acostumbras a sus sonidos, sus canciones y su estilo. Pero, luego, esa banda produce un nuevo disco que no tiene nada que ver con eso. Y, aunque puedes reconocerles, notas que han evolucionado, han desarrollado más matices, más sonidos. Está claro que mucha gente piensa en nosotros como la empresa que hizo la Grand Auditorium. Construimos la guitarra acústica moderna por excelencia, que es una GA con cutaway. Y nos encantan esos instrumentos, porque encajan perfectamente con muchas de las cosas que los músicos le piden a una guitarra acústica. Pero no deberían ser lo único que exista. Nosotros empezamos con guitarras jumbo y dreadnought antes de diseñar la Grand Concert. Creamos las guitarras GS y GS Mini. Más recientemente, las Grand Pacific y Grand Theater. Yo estoy muy satisfecho con la acogida de las guitarras GP y GT entre los músicos. Es genial ver que todas esas opciones han encontrado su lugar en diferentes escenarios musicales, y a mí me gustan todos esos colores por igual.

En la guía de guitarras anual de Wood&Steel, tendemos a deconstruir nuestros modelos y explicar sus rasgos tonales asociándolos a componentes clave como la forma de la caja y las maderas. El año pasado, tú nos ayudaste a crear unas tablas con las que queríamos ilustrar los rasgos sonoros de varias maderas de forma visual, y definiste cuatro categorías que contribuyen a crear un perfil tonal para cada madera: rango de frecuencias, perfil de armónicos, fidelidad (capacidad de reflejar al intérprete o al diseño frente a las maderas) y sensibilidad al tacto. Sin embargo, lo cierto es que una guitarra es un sistema más complejo. Y quizá sería más fiel a la realidad crear una tabla de ese tipo para cada modelo, porque explicaría más claramente la forma en que esos elementos funcionan juntos.

La verdad es que, cuando coges una guitarra y tocas una nota, es difícil discernir qué estás escuchando. ¿Es la cuerda? ¿La púa? ¿La selleta, el puente, la tapa, el fondo, el mástil, el varetaje interno, el tamaño, la masa de aire dentro de esa «cosa»? El sonido no se puede reducir a solo uno de esos aspectos, y a mí me cuesta incluso asignar un porcentaje del tono de la guitarra a uno u otro componente. Entiendo ese instinto de deconstrucción para comprender mejor las cosas que nos entusiasman, y está claro que todo guitarrista quiere entender mejor su instrumento. Eso está muy bien. Pero, en última instancia, lo que escuchas es una combinación de todos los elementos.

Incluido el intérprete.

Totalmente. Hace poco, leí un libro de un ingeniero que grabó a Elton John a principios de los 70. En aquella época, todo el mundo quería el sonido de piano de Elton. El ingeniero tiró de técnicas de microfonía y otros trucos para intentar replicarlo, pero el piano seguía sonando como otro cualquiera. Cuando Elton llegó para la sesión y empezó a tocar, ahí estaba su sonido personal. No se trataba del piano: el instrumento solo transmitía el tacto del músico. Y eso no es cualquier cosa, porque entre la cuerda y las yemas de los dedos del intérprete hay toda una estructura mecánica. Un piano tiene un montón de artilugios que transmiten el movimiento de una tecla a través de un martillo forrado de fieltro hasta golpear la cuerda exactamente en el mismo punto cada vez. Eso hace que yo me pregunte cómo hay que tocar las teclas para que esos matices sean audibles y el resultado cambie tan radicalmente incluso después de pasar por esa compleja maraña de pequeños mecanismos de madera, fieltro y cuero que acaba impactando en una cuerda. Si trasladamos esa idea al contexto de una guitarra, en la que los dedos pulsan directamente las cuerdas, no es de extrañar que los músicos la sientan como un instrumento tan personal cuyo sonido refleja a quien la está tocando.

Aparte de las características tonales, has hablado de la sensación y la respuesta, que también están relacionadas con el sonido pero desde otro ángulo.

Aquí hay cosas que van más allá de la sonoridad, porque no estamos hablando solo de lo que escuchas, sino de lo que la guitarra te hace sentir. Y esto no tiene que ver con la tensión de las cuerdas, su longitud de escala ni su distancia respecto al diapasón, que son propiedades mesurables. Se trata de la comunicación de ida y vuelta que experimentas cuando tocas una guitarra. La combinación del sonido que le sacas y de aspectos táctiles como la sensación de las cuerdas bajo los dedos, la resistencia, la flexibilidad o la sensibilidad al tacto dan forma a la interacción de un intérprete con la guitarra.

Un intérprete nunca debería sentirse abrumado ante la profusión de alternativas. La variedad está ahí para disfrutar explorando sus posibilidades.

Últimamente he estado tocando muchos tipos de instrumentos diferentes, y esta «conversación» dinámica se me hace muy evidente. Una guitarra con tapa curvada tiene una respuesta que me lleva en una dirección determinada. Siento que no toco igual con esa guitarra que con otra. Si cojo una GT, hay algo en la sensación de agilidad de las cuerdas y en la rapidez de respuesta del instrumento que me hace frasear una misma melodía de forma distinta. La interpretaré con unas inflexiones y una articulación diferentes. Con una Grand Pacific o una Grand Orchestra, no tocaré igual: una misma pieza cambiará en función del sonido que oigo salir de la guitarra. Muchos músicos sacan partido a esta interacción entre intérprete e instrumento y eligen conscientemente un modelo en particular para llevar su interpretación hacia un lugar específico. A veces, incluso optan por un instrumento al que no están acostumbrados en lugar de otro que les es más cómodo para obligarse a ir en una dirección creativa totalmente diferente.

Hablemos un poco de las cuerdas. En tus últimos diseños, has empezado a elegir juegos nuevos, como las cuerdas D’Addario de las guitarras American Dream. Las cuerdas son un elemento importante en la sensación y el sonido de una guitarra acústica, y también dicen mucho de las preferencias de los intérpretes. ¿Qué puedes comentar sobre la influencia de distintos tipos de cuerdas en la percepción de la guitarra?

Volviendo a la idea del instrumento como un sistema que da forma al músico y a su interpretación, esta relación dinámica se manifiesta a través de los puntos de contacto de una guitarra. Yo hago una comparación con las tablas de surf: cada tabla tiene un «algo» intrínseco que te dice qué quiere hacer, cómo quiere que la montes y en qué condiciones funcionará mejor. Más allá de esa personalidad inherente, tú puedes tunear la tabla ajustando pequeños detalles que mejorarán su rendimiento de formas muy particulares. Lo mismo pasa con las guitarras. Lo primero que hay que preguntarse es: ¿qué hace esta guitarra de forma intrínseca? Lo siguiente es pensar qué cuerdas le pones. Cuando un amigo me dice que se ha comprado una guitarra nueva, lo primero que le pregunto es: «¿qué guitarra es?» e, inmediatamente después, «¿qué cuerdas le has puesto?». La tercera pregunta es: «¿qué púa usas, si es que tocas con púa?». Normalmente, el interrogatorio sigue esa secuencia porque la identidad de la guitarra es muy relevante (es lo que te dice qué instrumento tienes entre manos), y luego ya decidirás cómo refinar ese sonido con las cuerdas que elijas. La disyuntiva no se reduce a usar cuerdas con o sin recubrimiento: también hay que pensar en la aleación del entorchado y en el rango de tensión, por ejemplo. ¿Cuál es la composición de las cuerdas? ¿Son de bronce fosforado? ¿O de bronce niquelado como el que nosotros estamos usando para la nueva AD27e Flametop? Cada una de esas opciones enfatiza un determinado espectro de frecuencias, un tipo de respuesta, un sonido inicial que se envía al sistema mecánico. En cuanto a la púa, es divertido analizar cómo altera la ecuación. Hay un montón de parámetros a considerar en el contacto de la púa con las cuerdas, como la dureza, la forma y la textura de su superficie. Sin embargo, un intérprete nunca debería sentirse abrumado o intimidado ante la profusión de alternativas. La variedad está ahí para disfrutar explorando sus posibilidades.

Como fabricantes, nosotros también sopesamos otras consideraciones en la elección de las cuerdas, como la necesidad de que las guitarras suenen y respondan bien en cualquier tipo de entorno de venta en todo el mundo.

Sí, por supuesto. En cierto modo, se parece a lo que pasa en una empresa de automoción cuando construye un coche o una camioneta. La idea es que funcione bien durante su período de rodaje para garantizar una vida útil larga y saludable. Para favorecer el proceso, pueden elegir un tipo específico de neumáticos o de aceite con aditivos para el motor. En nuestro caso, cuando construimos y encordamos una guitarra, no sabemos si la persona que finalmente se la llevará a casa será la primera o la décima en tocarla. Tampoco tenemos ni idea de si se venderá en una tienda local a un kilómetro de nuestra fábrica o si dará la vuelta al mundo en barco antes de llegar a un escaparate. Por lo tanto, usamos cuerdas que aguanten todas esas circunstancias potencialmente adversas y ofrezcan una respuesta neutra que resulte agradable para los guitarristas que la prueben. Pero, pasado ese período de rodaje inicial, hay muchas opciones musicalmente interesantes. Yo uso cuerdas sin recubrimiento en algunas de mis guitarras porque me gusta esa textura. Me da una sensación que me reconforta. Eso significa que cada vez que busco un sonido algo más brillante tengo que cambiar las cuerdas, pero en general, y siempre en el contexto adecuado, prefiero los sonidos tirando a apagados.

Por ejemplo, yo tengo un viejo bajo que he tocado en muchas grabaciones y al que le pongo cuerdas de entorchado semiplano: ni totalmente plano como el de las cuerdas para guitarras de jazz, ni circular como en una guitarra acústica o eléctrica; está a medio camino. Recién salidas del paquete, tienen un sonido más bien opaco que me encanta para ese bajo en particular. ¡Le va como anillo al dedo!

¿Cómo afecta una cuerda más apagada a tu forma de tocar (esto podríamos relacionarlo con la nueva AD27e Flametop) o a la aproximación de otros músicos al instrumento?

Desde el punto de vista mecánico, algunas cuerdas amortiguan una parte de los armónicos agudos y eso genera un sonido no tan metálico, con menos «twing». Un técnico de grabación diría que no tiene tanta sibilancia, transitorios o presencia. El contenido de armónicos agudos enfoca las notas y define su inicio y final de forma clara y audible. Cuando esta característica se modera, la nota suena con un inicio y final más suaves y fluidos. Es como si escucharas más madera y menos metal. Esta calidez llevará al intérprete a articular las cuerdas de forma muy diferente.

¿Qué es lo que te inspira a crear tus diseños? No hay duda de que tienes muchas influencias: vives rodeado de música, tienes muchos amigos artistas con los que tocas y estás al día de lo que pasa en el sector. ¿Cómo integras esos estímulos con tus propias ideas para imaginar diseños innovadores?

Las decisiones de diseño tienen muchas caras, porque una parte del proceso de crear algo es descubrir los materiales con los que trabajas. Es raro que un fabricante diga: «quiero construir este diseño, así que sencillamente buscaré el material perfecto para ello». Algunas decisiones de diseño son tan pragmáticas como usar lo que tienes a mano o recurrir a un suministro de materiales «sano» y fiable. Entretanto, yo voy dando vueltas a diferentes sonidos o aplicaciones musicales que he escuchado o que me han interesado. Podría pensar en un grupo de músicos que han estado trabajando con ciertos sonidos y se inclinan hacia un sentimiento, emoción o estilo de interpretación que invitaría a un buen uso de un material determinado. A continuación, estudio con qué voy a complementar ese material: la forma de guitarra adecuada para esa madera y ese propósito musical, la voz apropiada, el acabado, las cuerdas… Es como si la receta se creara casi por sí sola, como si un cocinero encontrara un ingrediente único y se preguntara: «¿cómo podemos utilizar esto para hacer algo bueno e interesante?».

Hablando de la disponibilidad de ingredientes, déjame que destaque el uso de maderas urbanas en Taylor y nuestro deseo de trabajar de una forma más ética y responsable. La idea es usar materiales que tengamos a mano, y la madera Urban Ash es uno de ellos. ¿Tienes ganas de seguir avanzando por este camino?

La silvicultura urbana está siendo una aventura muy emocionante para nosotros. Desde el principio nos volcamos en este proyecto porque, aunque en su primera etapa se reveló como sorprendentemente caro y parecía que podía no ser del todo viable, sabíamos que era algo que teníamos que hacer. A pesar de los obstáculos, pensábamos que era necesario intentarlo y alguien tenía que dar el primer paso. En los años que han pasado desde que empezamos a trabajar con estas maderas, el concepto ha resultado ser mucho más fructífero de lo que yo esperaba. Y no solo en cuanto a la calidad de los materiales disponibles, sino también en los beneficios ofrecidos por este modelo de silvicultura en términos de uso práctico de la madera y de reducción de la presión sobre otras especies. Es maravilloso poder empezar a aliviar parte de esa presión sobre otros materiales o suministros aumentando nuestro repertorio de maderas con nuevas especies, algunas de ellas procedentes de bosques urbanos. Esto significa que la iniciativa va progresando a un ritmo constante y prometedor, y que nosotros podemos continuar diversificándonos. Y, para un luthier, esa posición es tan saludable como apasionante.

Cajas pequeñas, grandes sorpresas

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Desde la Grand Concert hasta la Grand Theater, los innovadores diseños de caja pequeña de Taylor han conseguido que la experiencia de tocar la guitarra sea más accesible, más expresiva y más divertida.

En los primeros años de Taylor, los clientes podían elegir entre dos estilos de caja: dreadnought y jumbo. Bob Taylor había adoptado y refinado estas dos robustas formas de guitarra tras su experiencia en la tienda American Dream en la que empezó su carrera. Ambas acarreaban un legado consolidado que las había convertido en modelos de referencia para otros fabricantes de guitarras: la dreadnought, una forma original de Martin bautizada en honor a los poderosos acorazados británicos, presentaba una cintura ancha con líneas rotundas, mientras que la jumbo, la apuesta de Gibson, tenía los hombros más redondeados y una cintura más estilizada. Las curvas específicas de cada silueta se traducían en una voz distintiva, pero las dos cajas eran capaces de generar una potencia acústica muy significativa.

Sin embargo, las primeras guitarras acústicas no eran tan grandes como esas. Los modelos Stauffer y Martin de la primera mitad del siglo XIX tenían una figura esbelta y fueron los precursores de las guitarras de salón (parlor) compactas que llegaron en los años posteriores.

Las proporciones de la caja empezaron a crecer a principios del siglo XX. Fue una época de importantes innovaciones de diseño tales como el varetaje en X y las cuerdas de acero, que se aliaban para aumentar el volumen de la guitarra y competir con el sonido de banyos, mandolinas y orquestas formadas por batería y sección de metales en conciertos celebrados en recintos de grandes dimensiones.

Con la evolución de la amplificación, se empezaron a añadir pastillas a las guitarras acústicas con tapa plana. A finales de los 60, Glen Campbell ya tocaba una Ovation electroacústica con pastilla piezoeléctrica en su programa de televisión semanal. En los años siguientes, Takamine elevó la apuesta con sus propias pastillas para acústica mientras otros diseñadores ofrecían accesorios de amplificación a los fabricantes de guitarras. Para los más tradicionalistas, colocar una pastilla en una guitarra acústica era una herejía, pero Bob Taylor tuvo en cuenta las peticiones de los intérpretes y empezó a instalar pastillas Barcus-Berry en algunas de sus guitarras. Y, aunque el sonido acústico amplificado producido por la mayoría de las pastillas de la época no era nada del otro mundo comparado con los estándares actuales, aquella innovación implicaba que las guitarras acústicas ya no tenían que ser grandes para que se escucharan.

«A la gente le gusta las guitarras más pequeñas», defiende Bob Taylor. «Son cómodas de tocar. Y, en aquel momento, nos pareció que podíamos empezar a centrarnos en la sensación de intimidad y las cualidades tonales de una guitarra más pequeña, porque siempre se podía amplificar si se quería».

Ha nacido una Grand Concert

La primera guitarra de caja pequeña de Taylor, la Grand Concert, vio la luz en enero de 1984 (es decir, diez años después de la fundación de Taylor y otros diez antes de la aparición de la Grand Auditorium). Aparte de la llegada de las pastillas, hubo otros factores que favorecieron el diseño de guitarras más pequeñas. El primero fue que los intérpretes de eléctrica querían una caja acústica más compacta.

«Muchos de nuestros primeros clientes tocaban sobre todo la guitarra eléctrica», explica Bob. «Les encantaba nuestro mástil fino, pero no querían un instrumento grande y ‘viejo’. Estaban acostumbrados a la sensación física de una guitarra pequeña. Y me preguntaban: ‘¿se puede conseguir un instrumento más compacto que suene como estas guitarras que tú haces?’».

Entretanto, Kurt Listug, cofundador de Taylor y, en aquel momento, comercial de la empresa, se dedicaba a recorrer largas distancias en coche para visitar a distribuidores, y a la vuelta informaba de que muchos se interesaban por guitarras de caja más pequeña. (Kurt también evoca esa etapa en su columna de este número de Wood&Steel).

La fiebre del fingerstyle

Por esa misma época, había surgido una nueva generación de intérpretes que estaban revolucionando el fingerstyle acústico instrumental. Esos artistas partían de influencias musicales muy diversas (blues, folk, clásica, jazz, pop, celta, ambient, etcétera) y las sintetizaban en estilos novedosos y estimulantes. También exploraban afinaciones alternativas, técnicas de tapping percusivo y otras formas de creatividad musical melódica y armónica. Con sus composiciones originales e ingeniosos arreglos de canciones populares en formato fingerstyle, aquellos músicos estaban expandiendo la paleta sonora de la guitarra acústica, y muchos buscaban activamente nuevos tipos de instrumentos capaces de optimizar su rango expresivo.

Uno de ellos fue Chris Proctor, un talentoso guitarrista que en 1982 ganó el campeonato nacional de fingerpicking del Walnut Valley Festival celebrado cada año en Winfield (Kansas). Proctor llevaba años buscando un constructor que le hiciera el instrumento para fingerstyle de sus sueños.

«Me frustraba la falta de opciones en el mercado para los intérpretes de fingerstyle instrumental», escribió en un ensayo publicado en Wood&Steel en el 2006. «Había empezado a fantasear con una guitarra de caja más pequeña que tuviera una voz clara y un buen equilibrio entre graves y agudos, con cutaway y un mástil más ancho, que se mantuviera estable en los cambios de afinación y que al tocar tuviera el ‘carácter Taylor’».

«Muchos de nuestros primeros clientes tocaban sobre todo la guitarra eléctrica. Les encantaba nuestro mástil fino, pero no querían un instrumento grande y ‘viejo’».

Bob Taylor

En aquel momento, las guitarras dreadnought y jumbo de 6 cuerdas de Taylor tenían una cejuela de 42,8 mm de ancho, que era lo habitual en las guitarras acústicas pero que resultaba insuficiente para las digitaciones de los intérpretes de fingerstyle. Y el volumen de la caja tampoco era el más adecuado para tocar sentado, como acostumbraban a hacer los guitarristas del género (al estilo de los clásicos).

Proctor coincidió con Bob y Kurt en la NAMM de verano de 1983, en un momento en que Bob ya estaba acariciando ideas para crear una guitarra de caja pequeña. Después de varias conversaciones, Bob construyó un instrumento personalizado para Proctor que acabaría convirtiéndose en la primera Grand Concert. Aquella guitarra tenía fondo y aros de koa, tapa de pícea de Sitka, cutaway florentino afilado y un mástil superancho de 47,6 mm para acomodar las articuladas digitaciones de Proctor. Taylor estrenó oficialmente la nueva forma de caja en la NAMM de invierno de 1984 con dos modelos: la 512 de caoba y pícea y la 812 de palosanto y pícea, ambas con un ancho de cejuela de 44,4 mm.

Posteriormente vinieron más combinaciones de maderas como la 612ce de arce y pícea con cutaway, que llamó la atención de los músicos de estudio y técnicos de grabación de Nashville. Chris Proctor lo vio claro: «era un instrumento ideal para añadir pistas rítmicas esplendorosas a las sesiones de música country y tradicional norteamericana. La voz clara de la Grand Concert encajaba perfectamente con la complejidad y el brillo de aquellas canciones sin enturbiar las voces ni interferir con los solos o con otras partes de guitarra. De hecho, la 612ce se convirtió rápidamente en un instrumento de estudio muy habitual en Nashville».

Bob Taylor recuerda haber recibido comentarios similares de varios ingenieros de grabación que ensalzaban las virtudes de la Grand Concert frente a acústicas de caja más grande.

«Los técnicos se quejaban de que tenían que pasarse horas y horas quitando sonido de una mezcla porque había demasiados armónicos, demasiada resonancia, demasiada pelota. Pero, cuando hablaban de la Grand Concert, nos decían: ‘con esta guitarrita, no tenemos que pensar en eso. Podemos ponerle un micrófono delante, grabar, y listos. Solucionamos el trabajo sin más preocupaciones y nos queda una pista que suena bien».

Aquella caja más pequeña también era más sensible a un tacto suave, porque la tapa se ponía en movimiento más fácilmente. Y, al no tener que tocar con tanta energía, era posible ejecutar digitaciones con estiramientos sin que la mano se cansara tanto.

Los artistas de Taylor Sam Yun, Daniel Fraire, Cameron Griffin y Francisca Valenzuela comentan las posibilidades musicales únicas que ofrecen las guitarras más pequeñas gracias a su versatilidad y facilidad de interpretación.

Guitarras Grand Concert 12-fret

A lo largo de los años, Taylor ha ido añadiendo interesantes refinamientos a la caja Grand Concert. En el 2006, la longitud de escala pasó de 647,7 a 631,8 mm. En el aspecto táctil, esa escala más corta reduce la tensión de las cuerdas, mejora la comodidad y condensa ligeramente el espacio entre trastes para facilitarle el trabajo a la mano del mástil, particularmente en las digitaciones de acordes sofisticados que abarcan varios trastes.

Desde su llegada en el 2011, el diseñador jefe Andy Powers ha adoptado la caja Grand Concert como marco de referencia para otros desarrollos exclusivos en términos de diseño y experiencia de interpretación, incluidos varios modelos 12-fret y de 12 cuerdas. Nuestras guitarras 12-fret cuentan con clavijero ranurado y utilizan un mástil ligeramente más corto que el de las ediciones 14-fret. Por otro lado, la proporción entre el mástil y la caja provoca una pequeña variación en la localización del puente, que se aleja de la boca para quedar ligeramente desplazado hacia el centro del lóbulo inferior. Este cambio de posición modifica el movimiento de la tapa de forma que genera más potencia sonora, un tono más cálido y dulce y unos medios muy plenos.

«A pesar de su tamaño compacto, la Grand Concert 12-fret puede producir una voz sorprendentemente musculosa con un rango dinámico espectacular».

Andy Powers

«A pesar de su tamaño compacto, la Grand Concert 12-fret puede producir una voz sorprendentemente musculosa con un rango dinámico espectacular», afirma Andy.

Y, desde que las Grand Concert fueron reinventadas con la arquitectura de varetaje V-Class de Andy en el 2019, los modelos 12-fret se han hecho aún más versátiles con unos graves maravillosamente claros y una articulación de las características tonales de cada combinación de maderas más perceptible que nunca. (Tienes más información sobre nuestras Grand Concert V-Class en un artículo publicado en la edición de invierno del 2019 [número 93 de Wood&Steel).


Y seguimos con las 12 cuerdas

Andy aprovechó las dimensiones intimistas y la excepcional comodidad de interpretación de nuestras Grand Concert 12-fret para diseñar nuevos modelos de 12 cuerdas. Tradicionalmente, estas guitarras tienen formas de caja más grandes, así que esta reducción del tamaño ofrecía una experiencia de 12 cuerdas mucho más accesible físicamente. Tal como él mismo explica, una caja más compacta tiende a ser más fuerte y eficiente de forma natural. Por lo tanto, en el caso de una guitarra de 12 cuerdas, no es necesario reforzar demasiado el varetaje.

«La caja Grand Concert resulta óptima para las cuerdas individuales más pequeñas de un juego de 12, porque se pone en movimiento fácilmente. Además, la cavidad resonante más reducida acentúa las frecuencias de las cuerdas agudas y afinadas en octavas».

En cuanto al sonido, esta caja ofrece la cantidad justa de brillo y resonancia de 12 cuerdas, especialmente en contextos de grabación: el tono se mantiene en su rango del espectro y no emborrona la mezcla.

Nuestra Grand Concert de 12 cuerdas más reciente ofrece otras ventajas únicas que la hacen aún más apetecible: varetaje V-Class para un hermoso sonido con entonación perfecta, nuestro sistema de anclaje de cuerda doble en el que cada par de cuerdas comparte una clavija del puente (lo cual uniformiza el ángulo de todas las cuerdas sobre la selleta), y una selleta de compensación doble que alinea las cuerdas de fundamentales y octavas en el mismo plano para que el rasgueo resulte más fluido.

Pero quizá nuestra Grand Concert de 12 cuerdas más golosa sea la 652ce Builder’s Edition de Andy, lanzada en el 2020. Esta guitarra con fondo y aros de arce y tapa de pícea torrefactada incluye apoyabrazos y cutaway biselados para mejorar la comodidad de interpretación, y utiliza una disposición invertida de las cuerdas que enfatiza la nota fundamental y genera una voz de 12 cuerdas más limpia.

Otros modelos Taylor de caja pequeña

La Baby Taylor

Este fue el instrumento que contribuyó a la consolidación de la guitarra de viaje como una categoría por derecho propio, pero en principio la Baby Taylor estaba pensada para ser… un ukelele. Nos encontramos en una feria comercial a mediados de los años 90. Un respetado distribuidor de Taylor está intentando convencer a Bob de que el interés por los ukeleles está resurgiendo y que sería bueno para Taylor incorporarlos a su línea de instrumentos.

Bob se va para casa y empieza a trabajar en un diseño, pero por el camino se le enciende la bombilla.

«Cuando imagino algo, ya estoy pensando en cómo voy a llevarlo a la práctica… porque, si veo que no podré hacerlo, directamente no lo diseño. Y me dije: ¿de verdad voy a ponerme a fabricar todas las herramientas que hacen falta para construir ukeleles? Si hago ese mismo esfuerzo para producir una guitarra pequeña, creo que venderemos más unidades».

Bob ya había estado dándole vueltas a un nuevo concepto de elaboración de mástiles, y el proyecto Baby le dio el vehículo para probarlo junto con otras ideas de producción.

«Cada vez que decidimos crear un modelo que exige nuevas herramientas, aprovechamos ese impulso para probar métodos de construcción que no podemos introducir fácilmente en nuestros procesos de producción de otras guitarras. Esta es una de nuestras estrategias para seguir innovando con una lógica de diseño dinámico en la fábrica. Utilizamos los nuevos modelos y herramientas como un ensayo de posibles prácticas que quizá podamos integrar en el futuro. Por ejemplo: podríamos hacer un cutaway contorneado para una guitarra Builder’s Edition y, si resulta que queda increíblemente bien y podemos reproducirlo en otros instrumentos, pues genial. Pero, aunque solo funcione en un modelo, ya valdrá la pena igualmente».

En el caso de la Baby Taylor, Bob decidió hacer una inversión en su primer láser para cortar la tapa y el fondo y grabar la roseta. Ahora, cortamos todas las tapas y fondos de nuestras guitarras con láser. En cuanto a las ideas de construcción del mástil que Bob exploró con la Baby Taylor, acabaron siendo el germen del diseño de la junta del mástil patentada que hoy en día llevan todos nuestros instrumentos.

¿Y qué fue de la propia Baby Taylor? Bien, después de su estreno en 1996, esta mini-dreadnought de tamaño de tres cuartos se convirtió en la guitarra infantil y de viaje más popular de todos los tiempos (aunque se podría discutir si hoy en día ese honor le corresponde a la GS Mini). Y, aunque la voz de la Baby Taylor no llega a la potencia o la profundidad de una guitarra de tamaño completo, los músicos profesionales la reconocen como un instrumento totalmente legítimo y han recurrido a su tono único con interesantes planteamientos, como tocarla con afinación Nashville para añadir un toque de brillo de octavas a una mezcla o ponerle una cejilla para sacar sonidos de tipo mandolina. En el mundo de la música latina, incluso hemos visto a artistas que han convertido a la Baby Taylor en un tres cubano…

GS Mini

Otra prueba irrefutable del atractivo de las guitarras de caja pequeña es la GS Mini, sin duda el diseño más exitoso en la historia de Taylor. Presentada en el 2010, la Mini fue concebida inicialmente como una redefinición de la Baby Taylor. Cuando la Baby cumplió 15 años, Bob se propuso mejorar su sonido y se metió en faena junto con Larry Breedlove, socio de diseño de Taylor. Hicieron todo tipo de experimentos para darle más potencia, pero nada acabó de convencerles… al menos, no sin tocar las proporciones originales de la guitarra. (En el 2000, Taylor había lanzado la Big Baby, que también fue muy bien recibida por el público. Este modelo ya se acercaba a una dreadnought de tamaño completo con proporción 15/16 y longitud de escala de 647,7 mm, aunque la caja de solo 101,6 mm de profundidad le daba una sensación más íntima en manos del intérprete).

Bob y Larry se dieron cuenta de que iban a necesitar una caja más grande y profunda y una escala más larga (la de la Baby Taylor era de 577,8 mm), pero querían conservar la portabilidad y el carácter inmediato y accesible de una guitarra compacta. Y lo que hicieron fue recurrir a una versión reducida de las curvas de la caja Grand Symphony introducida en el 2006. Eligieron una escala de 597 mm e incorporaron el diseño de mástil Taylor patentado, que garantizaba la precisión de la geometría angular del mástil con un tacón de perfil completo para aumentar la estabilidad.

«Era una guitarra de la que podía sentirme orgulloso», dice Bob. «La sensación era más agradable y, aunque era un poco más grande, se distribuía en una funda de concierto y aún cabía en el compartimento superior de un avión. Pero no me podía imaginar que iba a convertirse en ‘la guitarra del pueblo’. La verdad es que la GS Mini se ha abierto camino con una identidad única y creo que, en cierto sentido, podría ser nuestro mayor logro: una guitarra que no es un objeto de lujo, que le encanta a todo el mundo, conocida en cualquier parte del planeta y que seduce a principiantes, abuelas y profesionales por igual».

La GS Mini también ha dado lugar a una serie con varias opciones de maderas y tratamientos estéticos, entre ellas la magnífica GS Mini-e Koa Plus con tapa de koa y acabado shaded edgeburst. Como colofón, Andy Powers añadió su marca personal con el diseño del GS Mini Bass, que consiguió adaptar la escala normalmente más larga de un bajo a las proporciones de la GS Mini. El resultado es un bajo acústico fácil de tocar y con un sonido estupendo que se ha convertido en una herramienta muy inspiradora para todo tipo de músicos, niños incluidos.

Academy 12 / Academy 12-N

Ese mismo espíritu de comodidad física, facilidad de interpretación y ausencia de ostentación también marcó el diseño de nuestra Serie Academy. En este caso, al timón del proyecto estaba Andy Powers, que quería destilar los elementos esenciales de una gran guitarra en un instrumento más asequible (una filosofía también presente en nuestros recientes modelos American Dream). La caja Grand Concert forma el esqueleto de dos de las tres guitarras de esta serie: la Academy 12 con cuerdas de acero y la Academy 12-N con cuerdas de nylon.

Ambos modelos cuentan con tapa de pícea maciza, fondo y aros de sapele contrachapado y un apoyabrazos simple para mejorar la comodidad, y están disponibles también con electrónica integrada. La versión con cuerdas de acero tiene un ancho de cejuela de 42,8 mm y una longitud de escala de 631,8 mm, y es una excelente opción de tamaño completo como instrumento utilitario o para principiantes. Por su parte, la guitarra con cuerdas de nylon utiliza un mástil 12-fret con cejuela de 47,6 mm para acomodar el diámetro ligeramente más grueso de este tipo de cuerdas. Este modelo ofrece una sensación y un sonido increíbles; de hecho, los intérpretes más inclinados hacia las cuerdas de acero que quieran añadir un toque de nylon a su música difícilmente encontrarán una guitarra mejor que la Academy 12-N en este nivel de precios. Y, teniendo en cuenta la popularidad de las guitarras de nylon en diversas culturas de todo el mundo, es una alternativa ideal para mercados internacionales. (También producimos modelos Grand Concert con cuerdas de nylon en otras series).

La GT

Nuestras nuevas guitarras GT, las últimas en llegar a la línea Taylor, representan la continuación de nuestros esfuerzos por combinar la comodidad de interpretación y un tono fabuloso en una forma compacta. Igual que el deseo de mejorar el sonido de la Baby Taylor condujo a la creación de la GS Mini, el deseo de mejorar el sonido de la GS Mini llevó al nacimiento de la GT. Una vez más, el desafío era mantener las proporciones reducidas que hacen que una guitarra acústica sea percibida como físicamente agradable y accesible y, al mismo tiempo, sacar todo el partido posible a esas dimensiones para generar una voz acústica de espectro completo y calidad profesional. Y todo eso, sin perder el aire de diversión y espontaneidad que hace de las guitarras pequeñas una excelente compañía de sofá.

Las medidas del diseño de Andy buscaban ese punto de equilibrio óptimo: una caja Grand Orchestra reducida con una longitud situada entre la GS Mini y la Grand Concert, escala mediana de 612,7 mm a medio camino entre la Mini (597 mm) y la Grand Concert (631,8 mm), y una cejuela de 43,6 mm que deja un espacio confortable entre las cuerdas (en este caso, el ancho está entre nuestro mínimo de 42,8 mm y los 44,4 mm habituales en la mayoría de guitarras de 6 cuerdas de acero). ¡Y todo ello en madera maciza!

La combinación de las cuerdas de calibre fino con la escala de longitud media ofrece la sensación de agilidad de una guitarra con escala de 647,7 mm afinada un semitono hacia abajo. Sin embargo, la respuesta sigue siendo agradablemente definida y no pierde nada de punch. Desde la perspectiva del sonido, Andy partió de su sistema V-Class para diseñar nuestra nueva arquitectura de varetaje C-Class como solución a uno de los mayores desafíos de una guitarra de caja pequeña, que no es otro que garantizar una respuesta de graves plena y profunda.

Para dejar bien claro que nuestra intención era ofrecer a los músicos otra opción de caja pequeña asequible, lanzamos el primer modelo GT (la GT Urban Ash) en el mismo nivel de precio que nuestras acústicas con caja de madera maciza más económicas. A la GT Urban Ash pronto le siguieron la GT 811e de palosanto y pícea y la GT K21e íntegramente de koa.

Aunque la GT lleva poco tiempo en el mercado, no ha tardado en hacerse un lugar aventajado entre las propuestas de guitarras compactas de Taylor. «Intimista», «ágil», «dulce», «enfocada» y «divertida de tocar» son algunos de los calificativos que nos han transmitido los músicos y críticos que han tenido la oportunidad de probarla.

¡Hay para todos!

Más de 35 años después de que Bob Taylor construyera su primera Grand Concert, nuestras guitarras de caja pequeña han conformado una familia de instrumentos muy variada y llena de matices que amplía las posibilidades de este tipo de instrumentos compactos. Más allá de tu constitución física, nivel de habilidad, estilo de interpretación o aplicaciones musicales preferidas, estas cómodas guitarras te invitarán a tocar, te harán sentir bien y responderán a tus dedos a la perfección.

De España para el mundo

Bajar

Madinter, nuestro socio proveedor español, se ha ganado el respeto de la industria de la música y ya es todo un referente en la defensa de las prácticas de abastecimiento ético.

Qué conocimientos pueden tener un veterinario, un camarero y una bailarina sobre el suministro de maderas para la construcción de instrumentos musicales?

En realidad, bastantes. Pero, cuando Madinter nació hace 20 años, sus fundadores aún tenían mucho que aprender, ya que cada uno de ellos estaba dando un giro hacia una nueva carrera profesional conjunta. El cofundador, CEO y socio mayoritario Vidal de Teresa (el veterinario), el jefe de producción Jorge Simons (el camarero) y la gerente de ventas Luisa Willsher (la bailarina), junto con el cofundador y socio sin voz ni voto Miguel Ángel Sánchez, forman el núcleo duro de esta empresa que suministra maderas y piezas terminadas a varios fabricantes de instrumentos musicales, entre ellos Taylor.

Madinter y sus 20 empleados tienen su sede en la localidad española de Cerceda, situada en la Comunidad de Madrid a unos 45 minutos del centro de la capital. Quizá el nombre de Madinter (una contracción de «madera» e «internacional») te suene de haberlo leído en nuestros artículos sobre el ébano de Camerún, ya que la empresa es copropietaria del aserradero Crelicam junto con Taylor. Esa colaboración, que acaba de cumplir 10 años, es un testimonio de nuestro compromiso compartido con las prácticas de abastecimiento ético y con la creación de economías forestales más sostenibles que apoyen los medios de vida de las comunidades locales implicadas en la cadena de suministro.

Aunque se trata de una empresa relativamente pequeña, Madinter ha crecido en muchas direcciones en sus 20 años de existencia, y ha guiado el camino para mejorar los estándares de sostenibilidad, legalidad y responsabilidad en el sector de los proveedores de madera. Para celebrar su vigésimo aniversario, hemos querido contar a los seguidores de Taylor algo más sobre un socio tan valioso y destacar su importante papel en la gestión forestal responsable y el apoyo a una comunidad musical tan activa a nivel mundial.

En una conversación por correo electrónico, Luisa y Vidal nos relataron las aventuras personales que les llevaron hasta Madinter y analizaron la constante evolución de la empresa en el avance hacia sus objetivos.

Habladnos un poco sobre Cerceda, vuestro lugar de trabajo.

Cerceda es un pequeño pueblo de unos 2500 habitantes situado en las montañas cerca de Madrid, a unos 30 minutos del aeropuerto internacional de Barajas. Estamos al lado del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en el norte de la Comunidad de Madrid. Es un lugar con un entorno natural realmente único por su belleza y su riqueza geológica y biológica. Aquí hay inmensos bosques de coníferas, prados de alta montaña, paisajes nevados, enormes picos rocosos, arroyos, cascadas y lagos glaciares que conforman una zona de excepcional valor natural con especies endémicas y en peligro de extinción en España.

¿Qué aspectos del diseño de vuestras instalaciones os parecen más significativos? Sin ir más lejos, la fachada de uno de vuestros edificios presenta una interesante interpretación artística de troncos de árboles…

Sí, es una fachada muy singular construida con acero corten con pátina que imita la silueta de un bosque de coníferas como los que tenemos por aquí. Las piezas simulan troncos de pino silvestre, que es el árbol más representativo del parque nacional. Queríamos rendir un pequeño homenaje a nuestros bosques y a la madera en general.

Por otro lado, nuestros edificios están equipados con paneles solares para reforzar la sostenibilidad y minimizar nuestra huella de carbono. También quemamos el serrín en calderas y usamos ese calor tanto para los hornos en los que secamos la madera como para la calefacción de las instalaciones en invierno.

¿Cómo empezó vuestra andadura?

Antes de la fundación de Madinter, Miguel tenía una empresa que suministraba madera a artesanos de guitarras y también vendía sus instrumentos para ayudarles a exportar su producción a otros mercados. En el 2001, Miguel y Vidal fundaron Madinter, y Jorge y yo entramos poco después. Ahora, Madinter se especializa exclusivamente en la producción y venta de recursos para instrumentos musicales.

Miguel dejó Madinter en el 2003 para establecerse como socio sin voz ni voto, y creó una empresa de elaboración de zapatos de flamenco llamada Calzado Senovilla. Su experiencia con las maderas para guitarras le llevó a incorporar esas mismas especies a la producción de los zapatos. Hoy en día, sus modelos tienen mucho prestigio y son utilizados por los mejores bailaores y bailaoras de flamenco del mundo.

Vidal, tú eras veterinario, así que la creación de Madinter supuso un cambio de rumbo realmente drástico para ti. ¿Qué te motivó a ello?

En el 2001, después de 11 años como cirujano veterinario, vendí mi empresa y me vi en una encrucijada personal. Me encantaba mi trabajo, que siempre había sido mi vocación, pero tenía otros intereses aparte de la medicina veterinaria. Quería viajar, conocer las selvas tropicales e iniciar un nuevo proyecto comercial. El mundo de la construcción de instrumentos no me era totalmente ajeno: mientras estudiaba veterinaria en París, Miguel me enviaba maderas y, cuando tenía tiempo entre mis estudios y las prácticas en la escuela de veterinaria, visitaba a los luthiers y les ofrecía los materiales. Esto me aportaba un dinero extra y me hizo descubrir el fascinante mundo de la madera, los constructores de guitarras y la música.

Mi primer cliente fue el gran luthier Daniel Friederich. Me presenté en su taller de la zona de Faubourg Saint-Antoine, cerca de la Bastilla de París, y le encontré con unos juegos de palosanto para fondo y aros entre manos. Yo era joven y no tenía experiencia, pero sí mucha curiosidad. Me atendió con una amabilidad exquisita, me mostró hasta el último rincón de su taller y me instruyó sobre la madera que yo le traía. Era un taller como de cuento, repleto de virutas y aromas de madera y con varias guitarras en proceso de construcción. Aquel día decidí aprender más sobre ese oficio, sobre las maderas, de dónde venían, cómo se cortaban, cómo se secaban. Esa fue la chispa que hizo prender esa pasión y años después me llevó a cambiar de carrera para empezar una nueva singladura.

Luisa, tú eres originaria del Reino Unido y estudiaste danza. ¿Cómo acabaste en Madinter?

Nací y crecí en Inglaterra, y a los 10 años entré en un internado de artes escénicas en el que estuve hasta los 18. Allí nos formábamos principalmente como bailarinas de ballet, pero también estudiábamos otros géneros de danza y yo me enamoré inmediatamente del flamenco. Después de haber visitado España unas cuantas veces para participar en cursillos de danza, a los 18 años me ofrecieron mi primer trabajo y me mudé aquí sabiendo que nunca volvería a vivir en Inglaterra. Cuando tenía 24 años, me rompí el pie en un ensayo. En aquel momento, Madinter estaba dando sus primeros pasos con Vidal, Miguel y Jorge. Y, para mantenerme ocupada, yo les ayudaba haciendo traducciones y escribiendo a clientes, porque entonces toda la correspondencia se enviaba por carta o por fax. Compramos el dominio www.madinter.com, empezamos a escribir correos electrónicos, creamos nuestra primera página web y ahí arrancó todo. Cuando se me curó el pie y volvía a estar en condiciones de bailar, me sentía tan involucrada y satisfecha con mi trabajo en Madinter que aquí me quedé. Desde entonces, solo bailo por diversión.

Empezasteis como proveedores de madera exclusivamente, pero vuestra oferta de productos y servicios se ha ido ramificando con el tiempo. ¿Cómo ha evolucionado vuestro negocio?

Al principio, solo suministrábamos madera a constructores de instrumentos musicales. Comenzamos con seis tipos de madera, y hoy en día ofrecemos más de 40 especies para instrumentos, especialmente guitarras. Aparte de eso, también vendemos componentes, accesorios y herramientas, y nos hemos especializado en la fabricación de piezas para instrumentos musicales elaboradas con maquinaria de precisión para añadir valor a la materia prima. Como consecuencia, nuestro modelo de negocio ha cambiado mucho en los últimos años, ya que ahora no solo suministramos material a empresas fabricantes de instrumentos, sino también a los artesanos y a los luthiers aficionados. Nuestra página web se ha convertido en una referencia para la industria, porque ofrecemos una gama muy amplia de productos y soluciones. Cortamos, secamos y procesamos madera; confeccionamos piezas terminadas listas para el ensamblaje de instrumentos, e incluso hacemos productos personalizados para varios clientes. Trabajamos con fábricas, talleres y constructores de todo el mundo. Y, desde hace tres años, somos distribuidores de StewMac en Europa; de hecho, aparte de nosotros y ellos mismos, nadie más vende sus productos.

«En los últimos 10 años, ha surgido un gran número de jóvenes profesionales e incluso aficionados que se sienten atraídos por la cultura del ‘háztelo tú mismo’ y están empezando a crear instrumentos musicales».

España tiene un legado importantísimo en la construcción de guitarras, y actualmente es un hervidero de luthiers. ¿Cómo influye este contexto en vuestras actividades?

España es un país con una tradición inigualable en el mundo de la guitarra clásica y flamenca. Tenemos muchísimos constructores, y muy buenos. En los últimos 10 años, ha surgido un gran número de jóvenes profesionales e incluso aficionados que se sienten atraídos por la cultura del «háztelo tú mismo» y están empezando a crear instrumentos. Muchos de ellos son músicos interesados en la construcción del instrumento que tocan, y otros tienen conocimientos de ebanistería y quieren aprender a hacer guitarras para diversificar sus actividades. En cualquier caso, el factor determinante en esta explosión de nuevos luthiers son las empresas como Madinter, que ofrecen todo lo que se te pueda ocurrir para la construcción de instrumentos musicales: desde materiales y productos acabados hasta todo tipo de componentes, accesorios y herramientas. También hay muchos constructores en otros países de Europa, y a través de Madinter.com podemos llegar a todos ellos. Nuestra base de clientes se ha ensanchado enormemente y sigue creciendo sin parar.

Luisa, en un mensaje anterior me decías que una de las claves del éxito de Madinter ha sido la capacidad para adaptarse a los cambios. ¿A qué te refieres exactamente? ¿Tiene que ver con las modificaciones de los requisitos legales en los últimos 20 años, como la enmienda a la Ley Lacey o las nuevas normativas para ciertas especies de madera establecidas por la CITES o por la legislación de la Unión Europea?

En este período nos hemos adaptado a los cambios de muchas maneras, pero un punto realmente fundamental fue nuestra decisión de centrarnos en la legalidad. Cuando la Ley Lacey fue enmendada para incluir a los instrumentos musicales, Madinter ya llevaba tiempo defendiendo la importancia de obtener la madera de forma legal y responsable. Por lo tanto, cuando la industria entendió que todo el mundo debía asegurarse de que estaba comprando madera de acuerdo con la legislación, Madinter ya contaba con un sólido sistema de auditoría y un profundo conocimiento de los aspectos de cumplimiento, las normativas CITES, etcétera.

Pero hay otras cosas que también ayudaron. Por ejemplo, nada más empezar ya creamos nuestra primera tienda electrónica en Madinter.com, cosa que ningún otro proveedor tenía. Viajamos a Asia y ofrecimos madera maciza a las fábricas chinas… ¡incluso antes de que ninguna de ellas empezara a hacer guitarras de madera maciza! También ampliamos nuestro catálogo para satisfacer las necesidades de nuestros clientes y diversificar el negocio. Añadimos componentes, accesorios y herramientas a nuestra oferta, y estamos muy orgullosos de que StewMac confíe en Madinter como su único distribuidor externo.

Y otro tema es que los nuevos luthiers ya no eran hijos de las generaciones anteriores, sino recién llegados o novatos en el oficio. Así que, en respuesta a ello, empezamos a ofrecer cursos de construcción de guitarras.

Sigue este recorrido en vídeo por las instalaciones de procesamiento de madera de Madinter en Cerceda (España).

Aparte de vuestro repertorio de productos y servicios, ¿qué creéis que os distingue de otras compañías?

Nuestra visión como empresa es liderar la industria de la música defendiendo una economía forestal sostenible y respetando los criterios más estrictos de sostenibilidad, legalidad y responsabilidad en el abastecimiento de madera. Desde el primer momento, decidimos que no íbamos a ser otro negocio más de los que se dedican simplemente a talar árboles. Queríamos hacer las cosas bien. Para empezar, nos asegurábamos de que cada pieza de madera fuera obtenida legalmente de acuerdo con todas las normativas nacionales e internacionales. Esto debería ser una obviedad para todo el mundo, pero desgraciadamente no funciona así. Nosotros dimos un paso más allá para garantizar que ni el medio ambiente ni las personas se vieran perjudicados de ninguna forma. Y, si podemos, buscamos generar un impacto positivo en el mundo.

Este año no solo celebramos el 20.º aniversario de Madinter, sino que también se cumplen 10 años de Crelicam, el proyecto de asociación entre Madinter y Taylor. ¿Cómo valoráis los logros de esta colaboración hasta ahora, y qué creéis que significa todo ello para los empleados de Crelicam y para otros aserradores y proveedores en Camerún?

Estamos muy orgullosos de esta asociación y de lo mucho que hemos conseguido juntos. En solo 10 años hemos cambiado muchas cosas, y todas para mejor. Cuando adquirimos Crelicam y diseñamos el logo, le añadimos un lema que siempre hemos cumplido: «comercio responsable». Si consideramos todo lo que hemos hecho, es para estar muy contentos. Hemos logrado que la industria acepte el ébano que antes rechazaba porque su color era demasiado claro, hemos mejorado las condiciones de vida de nuestros trabajadores, colaboradores y habitantes de los alrededores de la fábrica, y hemos contribuido al desarrollo sanitario, tecnológico y profesional de los empleados. La guinda del pastel ha sido el lanzamiento del Proyecto Ébano, destinado a la plantación de ébano y la perpetuación del uso de esta madera para las generaciones futuras.

Durante estos años, hemos recibido el reconocimiento de la industria de la música, de la Unión Europea y de los gobiernos de España y Estados Unidos, que han premiado y destacado públicamente nuestro trabajo en África. Pero lo más importante es que esto no ha terminado ni de lejos. Tenemos muchas ideas, proyectos y mejoras que queremos implementar en los próximos años.

¿Hay algo en vuestra relación con Taylor que valoréis de forma especial?

A menudo nos acordamos de cuando le propusimos la compra de Crelicam a Bob Taylor, porque la idea le entusiasmó desde el minuto uno.

En el 2010 nos desplazamos hasta Ámsterdam porque sabíamos que Bob, Kurt y la directora financiera Barbara Wight iban a reunirse allí con su equipo de distribución en Europa. Llamamos a Bob unos días antes y le dijimos que queríamos presentarle una propuesta comercial. Habíamos diseñado un plan de negocio que nos llevó varias semanas, y teníamos preparada una larga presentación con un montón de conceptos y números. Cuando llegamos al hotel en el que Bob se quedaba y empezamos a explicarle el asunto, inmediatamente cortó la presentación y dijo: «me gusta y lo haremos juntos». Media hora después ya estábamos planeando nuestro primer viaje a Camerún con Bob, Kurt y Barbara. Y así empezó esta maravillosa aventura.

Trabajar con Taylor Guitars ha sido lo mejor que nos ha pasado en los últimos años. Hemos encontrado un grupo de profesionales fantásticos y personas excepcionales. Y no puede faltar una mención especial a nuestro gran amigo y mentor Bob Taylor, un tipo genial con un corazón enorme y una inteligencia y brillantez únicas, un trabajador incansable y un visionario en la industria de la música. Juntos hemos aprendido y nos hemos equivocado, pero siempre hemos salido adelante y seguiremos avanzando en el camino hacia la excelencia.

Crecimiento interior

Bajar

Cómo los artistas encontraron inspiración durante el aislamiento gracias a la introspección

La pandemia de COVID vació temporalmente los locales de música en directo, pero para nada consiguió silenciar a los músicos. Durante el aislamiento, en el mundo digital se desencadenó una oleada de creatividad impulsada por nuevas herramientas que permitieron a los artistas mantener la conexión con sus seguidores, hacer nueva música a distancia y colaborar con otros músicos que de otra manera nunca habrían conocido. Algunos de esos artistas se centraron en preservar la chispa de la música en directo con transmisiones que iban desde sofisticadas producciones filmadas con medios profesionales hasta sencillas jam sessions caseras. Otros se volcaron en el trabajo artesanal, la exploración de nuevos campos musicales y la composición de canciones que reflejaban las presiones del momento. Y también hubo gente que encontró en la pandemia una oportunidad para la reflexión personal, la reevaluación de la vida y el desarrollo de un sentido más firme de identidad individual y musical.

Crédito de la foto: Ivan Pierre Aguirre

Allá donde la vida pública se va reabriendo y los conciertos vuelven a los escenarios, los artistas han empezado a retomar sus actividades. Pero está claro que las cosas han cambiado: ni la industria, ni las actuaciones en directo ni las prácticas de composición son las mismas de antes. Ahora que los músicos empiezan a atraer de nuevo al público a sus conciertos, muchos de ellos están volviendo a los escenarios con nuevas ideas sobre el verdadero significado de un buen espectáculo, una canción memorable y una conexión fuerte con sus seguidores. Por otro lado, también están apreciando desde otra perspectiva su propio trabajo y el sentimiento de gratitud por las esferas de nuestra cultura que promueven la música como un puntal de la comunidad.

Los hijos del digital aterrizan en el mundo real

Uno de los efectos más duraderos de la pandemia en el mundo de la música es la forma en que el parón forzado de los locales físicos ha puesto el foco en ciertos espacios musicales que antes estaban subexpuestos. En nuestro artículo sobre la explosión del streaming en directo publicado en el número anterior de Wood&Steel, los artistas nos hablaban del poder insospechado de las herramientas digitales para conectarles con la audiencia superando la distancia física y las restricciones en la vida pública. Las transmisiones en directo ayudaron a los músicos a no perder el ritmo ante el público, aunque fuera sentándose con una guitarra acústica frente a la cámara de un iPhone mientras sus seguidores proyectaban sus reacciones digitales en forma de emojis de sonrisas y corazoncitos. Ese recurso tuvo un impacto positivo para todo tipo de artistas en un momento en que la gente se lanzaba a Internet para encontrar sus dosis cotidianas de música en directo. Y, sin duda, los que se llevaron la mayor parte del pastel fueron los que ya estaban bien posicionados en las redes sociales.

Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Los artistas de grandes giras y los músicos establecidos habían acaparado la atención del público durante mucho tiempo, incluso cuando herramientas como YouTube, SoundCloud y BandCamp se hicieron populares entre los creadores que aún no habían dado el salto a la industria. En la era pre-COVID, los profesionales que se habían labrado una carrera en el «mundo real» tenían un aura de autenticidad y calidad que no estaba al alcance de los artistas «de Internet». En cierta manera, las herramientas que estaban llamadas a democratizar la producción musical acabaron encasillando a artistas jóvenes y creativos de muy diversos tipos en un territorio digital poblado por un número relativamente pequeño de fieles seguidores. Le ponían todas las ganas, pero les faltaba la exposición.

La pandemia le dio la vuelta a la tortilla. Tanto los grandes nombres como los artistas noveles se vieron obligados a abandonar los escenarios físicos y a hacerse un hueco en Internet, y la música del mundo digital empezó a jugar en igualdad de condiciones por primera vez. El resultado fue un estallido de bandas, compositores y músicos solistas que dieron el salto a un escaparate global y que en muchos casos habían tenido muy poca presencia en las corrientes dominantes.

Meet Me in the Living Room

Entre los muchos artistas que supieron capitalizar las singularidades de los meses de pandemia, el trío de pop-punk Meet Me @ the Altar se ha abierto camino de una manera particularmente interesante. Sus integrantes Téa Campbell (guitarra, bajo, 224ce-K DLX), Ada Juarez (batería) y Edith Johnson (voz) llevan desde el 2017 haciendo música juntas, pero no en el sentido tradicional. Hasta este año, las tres escribían y producían sus canciones a distancia, enviándose ideas, letras y grabaciones de instrumentos a través de Internet hasta llegar a un producto terminado. De repente, su forma de hacer música se convirtió en la norma. Y, mientras los músicos de todo el mundo intentaban adaptarse a este estilo de creación deslocalizada, las chicas de Meet Me @ the Altar se encontraron con una enorme ventaja de salida.

«Fuimos una banda de Internet durante unos cinco años», dice Ada. «Yo vivía en Florida, Edith en Atlanta y Téa en Nueva Jersey, así que nunca habíamos escrito ni una sola canción juntas en la misma habitación».

Y, aunque durante la pandemia se fueron a vivir a la misma casa, reconocen que su proceso de composición apenas cambió con la proximidad física.

«Aunque vivíamos juntas, ese método ya nos funcionaba de antes», argumenta Ada. «Pensamos, ¿para qué cambiarlo? Así que todavía hoy componemos cada una en su habitación y luego nos reunimos. Bueno, ahora escribimos las letras juntas, pero todo lo demás es igual que antes».

Ada, Edith y Téa de Meet Me @ the Altar hablan sobre sus experiencias de creación musical durante la pandemia y tocan versiones acústicas de sus canciones.

El efecto «banda de Internet» también tuvo su impacto más allá del proceso de composición. Meet Me @ the Altar ya tenía una amplia experiencia en el ámbito digital y en la interacción con sus seguidores a través de la web, y la COVID contribuyó a crear las condiciones para el espectacular aumento de su popularidad. El trío había planeado ir de gira en el 2020 y 2021, pero tuvo que quedarse en casa. En ese contexto, la única salida creativa era escribir canciones. La desaparición de los elementos «tradicionales» de la industria de la música llevó a los artistas a reenfocarse en la esencia de su oficio. Para ellas tres, la pandemia fue una olla a presión que les ayudó a crecer tanto en capacidades como en confianza.

«La cuarentena supuso muchos cambios para nosotras», recuerda Téa. «Si no la hubiéramos tenido que pasar, no habríamos sacado tiempo para sentarnos y recapacitar sobre la dirección en la que queremos ir y en nuestra evolución como banda».

Tras la cancelación de la gira, las Meet Me @ the Altar no se lanzaron al streaming en directo (como hicieron muchos otros artistas durante el confinamiento), sino que se centraron en la composición de canciones. Excepto por una actuación retransmitida en colaboración con la cadena de restaurantes Wendy’s, las Meet Me @ the Altar se dedicaron a dar forma a su voz y a desarrollar su personalidad musical.

«Cuanto más escribes, más cómoda te sientes», afirma Edith. «Para nosotras, la cuarentena fue una bendición imprevista. Nos hizo estar más unidas y madurar a través de la composición de canciones. Ahora, todo lo que escribimos es mejor que lo que hacíamos antes».

El trabajo valió la pena: la banda triunfó durante la pandemia pasando de 3000 seguidores a más de 50 000. Y, aunque se hace un poco extraño no poder apreciar ese crecimiento en forma de más público en sus actuaciones, la conexión con sus seguidores en Internet les ha hecho ver más claro dónde encajan en la cultura pop en general. Ellas atribuyen parte de su éxito a una sociedad cambiante con nuevas actitudes que exigen una mayor inclusión de mujeres y artistas de color en el mundo de la música. Y, como trío de mujeres de color, a Meet Me @ the Altar le ha llegado su momento.

«Durante la cuarentena pasaron muchas cosas: conflictos sociales, el Black Lives Matter, la muerte de George Floyd», reflexiona Edith. «Pero la gente no podía hacer casi nada, así que invirtió el tiempo en meditar sobre el mundo. Las personas empezaron a pensar en la vida y el arte de la comunidad negra. Nosotras estábamos ahí y, como nuestra música no está mal, el público se quedó».

Gracias a su decisión de ir a contracorriente durante la pandemia, las Meet Me @ the Altar encontraron una oportunidad perfecta para aumentar su éxito y catapultar su repunte de popularidad con mejores canciones y un sentido de identidad de banda reforzado. Pero no todos los músicos del panorama actual nacieron en el ecosistema digital. Para los que habían vivido décadas en el mundo tradicional, la pandemia supuso otro desafío diferente: ¿cómo te adaptas a los tiempos sin perder tu esencia?

La música crea comunidad

El cierre de locales y la anulación de conciertos fueron las consecuencias más evidentes de la industria de la música durante la pandemia. Sin embargo, en el ambiente acechaba otra amenaza más silenciosa pero no menos significativa: los problemas de salud mental. El aislamiento, la presión financiera sin precedentes y los continuos cambios en la sociedad han sido una losa para mucha gente durante los últimos 18 meses. Y también para los artistas, cuya principal fuente de catarsis emocional, social y creativa (por no hablar de la estabilidad económica) se esfumó repentinamente y sin previo aviso. Para Jim Ward, cofundador de At the Drive-In, actual guitarrista de Sparta y veterano compositor solista, la necesidad de aferrarse a la música durante la pandemia iba más allá de los objetivos de mantener un perfil público y no perder la atención de sus seguidores: era una cuestión de supervivencia.

Ward (517 Builder’s Edition, GT Urban Ash) es una figura muy conocida en El Paso, Texas. Está profundamente conectado con la escena musical e incluso con la cultura gastronómica de su ciudad natal, ya que es dueño de un restaurante que tuvo que cerrar por la COVID. Para una persona tan apegada a la comunidad como Ward, los acontecimientos de principios de la pandemia fueron devastadores tanto a nivel individual como en su entorno cercano.

«Tuvimos que dejar a la gente del restaurante en la calle, lo cual fue muy duro mental y emocionalmente. Mi banda, Sparta, había grabado un disco que salió en abril del 2020, y no se enteró ni el Tato. Cancelamos las giras y tuvimos que poner en suspenso al equipo, como todo el mundo».

Sin la válvula de escape del trabajo creativo, Ward lo pasó mal durante los primeros días de la pandemia.

«El confinamiento te afecta mucho como ser humano, sobre todo si eres una persona social. Era difícil mantener la cabeza en su sitio».

El guitarrista y compositor Jim Ward reflexiona sobre la importancia de perseverar en tiempos de pandemia y preservar la salud mental durante el aislamiento.

A pesar de las restricciones en espacios públicos, Ward sabía que no podía dejar la música si quería conservar la cordura. Para distraerse, se dedicó a componer una serie de canciones que después se convertirían en Daggers, su último álbum en solitario. Ward sostiene que la grabación de ese disco fue una terapia que le sirvió para gestionar su estado mental y expandir sus capacidades creativas.

«He crecido mucho como ingeniero, porque me vi obligado a grabar y producir el álbum yo solo. En circunstancias normales habría recurrido a otras personas, pero cuando las herramientas que te facilitan el trabajo se volatilizan, te ves forzado a aprender cosas nuevas. Yo salí de ahí con un renovado espíritu de hombre orquesta».

Sin embargo, esa autosuficiencia solo llega hasta cierto punto. Aprender nuevas habilidades musicales está muy bien, pero no sustituye la interacción y la conexión con otros seres humanos, especialmente para alguien tan implicado en la vida social como Jim Ward. Con la desaparición de los momentos de encuentro con el público en los conciertos, Ward tuvo que forjar relaciones a través de Internet con personas a las que de otra manera nunca habría tenido la oportunidad de conocer. Y la cosa no se quedó en algunas interacciones en Instagram con seguidores de lugares tan dispares como Australia o Moscú. Rápidamente, el impulso de salvaguardar un cierto sentido de unión llevó a Ward a iniciar una nueva tradición: los Friday Beers, una serie de conversaciones entre Ward y un invitado musical emitidas en directo por Instagram sin ensayos previos ni edición. Hasta el momento, en los Friday Beers ha charlado con Rhett Miller, Nina Diaz, Patrick Carney de los Black Keys y Josh Homme de Queens of the Stone Age.

No se trata de las típicas entrevistas sobre nuevos álbumes, próximos conciertos y fuentes de inspiración para canciones: son diálogos reflexivos, muchas veces profundos, en los que Ward y sus invitados se abren al público a nivel personal de una forma que no es posible en los pocos minutos que los artistas pueden dedicar a sus seguidores en los conciertos. Ward dice que estas sesiones han sido reveladoras como vehículo para superar el aislamiento, tanto para él como para el público.

«Josh Homme es como un hermano mayor para mí», dice Ward. «Tuvimos una conversación muy íntima y personal ante la audiencia. Luego recibí un montón de mensajes realmente hermosos, como uno que decía que ‘así es como deberían ser las relaciones masculinas’. La verdad es que muchos de nosotros hacemos música porque estamos intentando encontrar una forma de sentirnos mejor. Y, cuando la gente escucha ese tipo de confidencias, puede pensar: ‘si ese tío se siente así, pues tampoco será tan terrible que yo me sienta igual’».

Jim Ward cree que este efecto colateral de la pandemia debería quedarse con nosotros durante la transición hacia algo parecido a la normalidad. En un mundo demasiado acostumbrado a ver cómo los jóvenes artistas pierden el control, es importante crear espacios que fomenten la honestidad y la autenticidad. Y Ward puede hablar de ello desde su experiencia personal.

«Sinceramente, pienso que la primera etapa de mi carrera habría sido más positiva si alguien me hubiera dicho ‘no pasa nada si ahora mismo no te sientes bien’ en lugar de simplemente pasarme una botella de vodka. Desde esa perspectiva, ahora podemos darles algo mejor a nuestros artistas jóvenes».

La música no entiende de reglas

El escenario de la música actual está en constante evolución, impulsada a partes iguales por los cambios en las actitudes de la sociedad, la creciente oferta de nuevas creaciones fuera del canal tradicional de las discográficas y las consecuencias tangibles de una crisis sanitaria global. Tanto los artistas experimentados como los talentos emergentes están descubriendo que, en estos tiempos, construir o mantener una carrera en la música exige una mirada hacia adentro, una inmersión en las profundidades del arte del oficio y una exploración de territorios creativos inexplorados. Aunque las herramientas digitales de hoy en día facilitan la conexión con el público en general y con los seguidores a nivel individual, no pueden reemplazar el arduo trabajo de materializar las ideas en música y transmitir un mensaje que sea fiel a uno mismo y, al mismo tiempo, lo bastante universal como para inspirar a oyentes de todo el mundo. Afortunadamente, si hay algo que la pandemia ha sacado a la luz acerca de la música contemporánea y las personas que la hacen, es que el impulso creativo sobrevive a cualquier circunstancia imaginable.

Progresiones de acordes de R&B para guitarra acústica

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Amplía tu repertorio estilístico con estas útiles progresiones de acordes habituales en el R&B.

Por Kerry "2 Smooth" Marshall

Sea cual sea tu estilo o género favorito, si quieres ser versátil como guitarrista no puedes dejar de aprender nuevas técnicas y sonidos fuera de tu zona de confort.

Kerry «2 Smooth» Marshall es un educador musical, guitarrista de estudio, productor y profesor de guitarra muy solicitado y especializado en R&B, neo-soul y gospel. Además de tocar con algunos grandes nombres de la música actual, también es muy activo en su canal de YouTube, que ya cuenta con más de 100 000 suscriptores.

Su primera lección repasa una progresión de acordes muy común que te ayudará a iniciarte en el R&B.

A continuación, Kerry explica la técnica de cuerdas dobles, un elemento sonoro al que los guitarristas de R&B suelen recurrir para añadir carácter a sus fraseos.

Por último, Kerry explora los acordes de séptima disminuida, una estructura con un sonido muy característico que ampliará tu vocabulario musical y dará color a tu estilo.

Tienes más lecciones de Kerry en su canal de YouTube.

  • 2021 Edición 2 /
  • Raíces profundas: un homenaje a las influencias musicales afroamericanas

Raíces profundas: un homenaje a las influencias musicales afroamericanas

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Con motivo del Mes de la Apreciación de la Música Afroamericana, nuestra compañera Lindsay Love-Bivens y la artista ganadora de un Grammy Judith Hill visitaron el recién inaugurado Museo Nacional de la Música Afroamericana.

La inmensa mayoría de géneros de la música estadounidense tiene su origen en la creatividad y la fuerza expresiva de los artistas afroamericanos. Sus vivencias y experiencias compartidas a lo largo de diferentes épocas tejieron el tapiz que hizo germinar todo tipo de estilos, desde el blues hasta el hip-hop pasando por muchas otras manifestaciones musicales en un productivo fenómeno de polinización cruzada artística. El Mes de la Apreciación de la Música Afroamericana, que se celebra cada junio, es una buena ocasión para poner el foco en esa contribución esencial y recuperar a algunas de las figuras que dieron forma a la que hoy es la banda sonora de nuestras vidas, tanto en los Estados Unidos como en el resto del planeta.

¿Qué es el Mes de la Apreciación de la Música Afroamericana?

En los años 70, un grupo de personalidades relevantes del mundo musical afroamericano lideró un movimiento que pretendía rescatar y reconocer la creciente prominencia de los artistas de su comunidad durante el siglo XX. En 1978, el productor Kenny Gamble, la influyente activista musical y presentadora Dyana Williams y el ejecutivo de medios de comunicación Ed Wright lanzaron la Black Music Association (BMA), en parte para impulsar la creación de un Mes de la Música Negra. Tras una campaña de promoción, el entonces presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter inauguró la primera reunión del Mes de la Música Negra en el verano de 1979. Y, en el año 2000, el presidente Bill Clinton firmó una proclamación que le otorgaba al evento la designación nacional de Mes de la Apreciación de la Música Afroamericana. Estas acciones políticas ayudaron a garantizar el reconocimiento y la preservación de la historia de la música afroamericana para las nuevas generaciones.

Rumbo a Nashville

En honor al Mes de la Apreciación de la Música Afroamericana, viajé a Nashville con la cantautora y artista de Taylor Judith Hill para visitar el nuevo Museo Nacional de la Música Afroamericana. Allí hablamos con el Dr. Steven Lewis, uno de los conservadores del museo, y recorrimos varios lugares con significado histórico. El vídeo que grabamos recoge lo más destacado de nuestras experiencias en Nashville.

La música afroamericana a través del tiempo

Nuestro viaje también nos inspiró a crear una cronología de la historia de la música afroamericana para honrar a algunos de los pioneros que con su arte cambiaron para siempre el panorama musical tanto en Estados Unidos como fuera del país. Aunque en este esbozo apenas arañamos la superficie de un legado musical enormemente rico y profundo, esperamos que este pequeño paseo por la historia estimule una exploración más a fondo de las muchas maneras en que los músicos afroamericanos moldearon gran parte de lo que hoy conocemos como música estadounidense.

Originado en

Siglo XVII

Los espirituales son la forma de expresión musical negra más temprana de los Estados Unidos, e incluyen las canciones de trabajo afroamericanas que más tarde ejercerían una poderosa influencia sobre el blues y el gospel. Estaban basados en historias bíblicas, pero en la práctica representaban las atroces penurias que soportaron los afroamericanos esclavizados desde el siglo XVII hasta la década de 1860. Un rasgo muy significativo de los espirituales es el intercambio llamada-respuesta, en el que un solista canta una frase y el resto del grupo responde con la misma estructura u otra distinta. Este juego de llamada y respuesta, procedente de la tradición musical africana, es un componente clave de las canciones de trabajo afroamericanas que acabó abriéndose camino más allá de los espirituales para penetrar en el blues, el gospel, el rock ‘n’ roll, el soul e incluso el hip-hop. Los espirituales fueron popularizados por grupos como los Fisk Jubilee Singers a partir de finales del siglo XIX.

Los pioneros

  • Fisk Jubilee Singers  
  • Hampton Singers 
  • Tuskegee Institute Quartet 
  • Harry Burleigh 
  • Everett McCorvey

Originado en

Finales del siglo XIX

El blues nació en el sur profundo de los Estados Unidos en la década de 1860. Recoge la herencia de las canciones de trabajo y los espirituales afroamericanos, de los cuales toma su característica estructura de llamada y respuesta. El blues combina estos referentes con gritos vocales y con las escalas y progresiones de acordes que a día de hoy siguen definiendo al género. El blues caló como forma musical tras la abolición de la esclavitud de los afroamericanos y contribuyó al auge de los «juke joints», un tipo de cantinas pensadas para los antiguos esclavos que buscaban trabajo. Estos establecimientos se convirtieron en un importante elemento de la nueva cultura afroamericana que se propagó por todo el sur del país. Se podría decir que no existe un solo género de la música estadounidense que no haya sido influenciado de alguna manera por el blues.

Los pioneros

  • Charley Patton  
  • W.C Handy 
  • Blind Blake 
  • Lonny Johnson 
  • Ma Rainey 
  • Robert Johnson 
  • Muddy Waters 
  • T-Bone Walker 
  • Blind Lemon Jefferson 
  • B.B. King 

Originado en

Década de 1890

El ragtime es inmediatamente reconocible por su distintivo carácter sincopado. Antes de su difusión en forma de partituras para piano, sonaba como música de baile en entornos populares. Las melodías de los espectáculos ambulantes, los estilos del banjo afroamericano, los ritmos de baile sincopados del cakewalk y algunos toques de música clásica se aliaron para dar forma a este género revolucionario. El «Maple Leaf Rag» de Scott Joplin, uno de los compositores de ragtime más conocidos, se convirtió tras su publicación en 1899 en un estándar de la música estadounidense que sentó las bases de este estilo para los autores que le siguieron. El ragtime ayudó a moldear el jazz y el blues, y puede ser considerado como la primera manifestación de la música afroamericana con un verdadero impacto en la cultura popular dominante.

Los pioneros

  • Ernest Hogan  
  • Scott Joplin, “King of Ragtime” 
  • Tom Turpin 
  • Eubie Blake 
  • John William “Blind” Boone 
  • Antonio Junius “Tony” Jackson 
  • Ferdinand “Jelly Roll” Morton

Originado en

Década de 1910

Siguiendo la estela del ragtime, en Nueva Orleans (Luisiana) nacía un nuevo género: el jazz, que aglutinaba acordes complejos, polirritmos, síncopas y muchos otros elementos del blues y el ragtime. Aunque mucha gente piensa que el jazz es imposible de definir, casi todas sus vertientes tienen un denominador común: la improvisación. Desde el bebop y el swing hasta el modal y el smooth jazz, lo que manda es la creatividad y la interpretación personal del intérprete. Este género vivió un gran impulso durante la década de 1920, que más tarde sería conocida como la «Era del Jazz». En aquellos años, la música y la cultura afroamericanas empezaron a filtrarse por la clase media blanca en todo el territorio de los Estados Unidos.

Los pioneros

  • Ferdinand “Jelly Roll” Morton
  • Louis Armstrong 
  • Earl Hine 
  • Duke Ellington
  • Charlie Christian
  • Lonnie Johnson 
  • Billie Holiday 
  • Ella Fitzgerald

Originado en

Años 30

Hacia principios del siglo XX, la música espiritual había evolucionado en muchas direcciones. Y, en los años 30, Thomas Dorsey puso la liturgia patas arriba incorporando el sonido del blues a la música de las iglesias. A Dorsey también se le atribuye la formación del primer coro de gospel. Este género, caracterizado por ritmos rápidos y unas intensas interpretaciones corales, dejó una huella imborrable en la música y otros aspectos de la sociedad estadounidense. Tal como había ocurrido con los espirituales, el gospel fue un factor fundamental en la cultura de la iglesia negra en el país.

Los pioneros

  • Thomas Dorsey, “Father of Gospel”
  • Mahalia Jackson 
  • Sister Rosetta Tharpe 
  • Andrae Crouch
  • The Hawkins Family
  • Thomas Whitfield 
  • Mississippi Mass Choir

Originado en

Años 40

El R&B fue el puente entre la era del blues, el jazz y las big bands de los años 20 y 30 y los sonidos emergentes del rock ‘n’ roll, el soul y el funk de los 50 y 60. El fin de la Segunda Guerra Mundial y la gran migración de afroamericanos hacia el norte de los Estados Unidos coincidieron con un momento en que los jóvenes del país demandaban una música más viva y directa. Como consecuencia, el swing y las big bands de la época de sus padres empezaron a dar paso a una versión más rítmica del blues. El R&B también aportó los nuevos sonidos de instrumentos como la guitarra eléctrica, el piano y el saxofón.

Los pioneros

  • Louis Jordan (The Tympany Five)
  • Roy Brown 
  • Wynonie Harris 
  • Roy Milton
  • Billy Wright
  • Charles Brown 
  • The “5” Royales 
  • Big Mama Thorton
  • Sister Rosetta Tharpe

Originado en

Finales de los años 40

A principios de los años 50, el rhythm and blues desarrolló su propio subgénero: el rock ‘n’ roll. Chuck Berry y Little Richard marcaron el camino de un estilo que recogía el legado del rhythm and blues pero lo envolvía en una estética más cruda y sexualizada dando especial protagonismo a la guitarra eléctrica. Con la mezcla de estilos y la progresiva electrificación del blues, los músicos blancos también empezaron a tocar y grabar rock ‘n’ roll. De hecho, muchos de ellos pasaron de actuar en bares y clubes underground a aparecer en la radio y la televisión de consumo masivo. Impulsado por sus líneas vocales pegadizas y sus estribillos apoteósicos, el rock ‘n’ roll no solo se convirtió en el latido de la juventud estadounidense y un auténtico estandarte de la cultura del país, sino que acabó arrasando en todo el mundo.

Los pioneros

  • Chuck Berry (The Father of Rock ‘n’ Roll)
  • Little Richard (The Architect of Rock ‘n’ Roll) 
  • Fats Domino
  • Roy Brown
  • Jimi Hendrix 
  • Ike Turner 
  • Tina Turner
  • Sister Rosetta Tharpe
  • Bo Diddley

Originado en

Años 50

A medida que el rock ‘n’ roll se hacía cada vez más comercial, muchos artistas y músicos negros se vieron apartados de los focos. La música soul nació de la necesidad de celebrar la cultura afroamericana: partiendo de las raíces del gospel, el soul se enfocó en temas de la América negra como el amor y la alegría en su sociedad y la lucha por los derechos civiles. En general, los artistas negros disponían de escasos recursos, así que el éxito de la música soul dependía de su capacidad para trabajar juntos. Y ninguna entidad encarnó esta realidad como la discográfica Motown Records, fundada en 1959 por Berry Gordy para reunir a compositores y músicos. Así nació el «sonido Motown» que dominó las listas de éxitos en los años 60. Al final de la década, el soul ya se había ramificado en varios estilos a través de artistas como Sly and the Family Stone, George Clinton o Stevie Wonder, cuyos experimentos con nuevas ideas conducirían hacia el soul psicodélico. Mientras tanto, en Filadelfia, músicos como Gamble y Huff daban forma al característico sonido del «Philly Soul». Ambas tendencias fueron cruciales para el posterior nacimiento de la música disco.

Los pioneros

  • Ray Charles
  • Otis Redding 
  • Aretha Franklin (“Queen of Soul”)
  • James Brown (“Godfather of Soul”)
  • Sam Cooke 
  • Stevie Wonder 
  • The Jackson 5
  • Diana Ross
  • Smokey Robinson

Originado en

Años 60

Si combinamos el corazón de la música soul, la espontaneidad sincopada del jazz y una base rítmica con un groove demoledor, el cóctel resultante es el funk. A finales de los años 60, James Brown empezó a escribir canciones basadas en solo uno o dos acordes, con énfasis en «el uno» (el primer tiempo de cada compás) y un carácter más áspero y contundente que encajó a la perfección con el tipo de música de baile que el público estadounidense buscaba. El funk se fue haciendo cada vez más popular y derivó en formas más experimentales como el estilo de George Clinton, que acabaría conformando los cimientos del hip-hop.

Los pioneros

  • James Brown
  • George Clinton (“King of Funk”) 
  • Slave
  • The Ohio Players
  • Prince 
  • Rick James 
  • Earth, Wind & Fire
  • Sly and the Family Stone
  • Commodores
  • The Meters

Originado en

Principios de los años 70

En el verano de 1973, los DJ afroamericanos empezaron a organizar fiestas en casas y espacios del Bronx. Para que la gente no dejara de bailar, reproducían breakbeats (muestras rítmicas) de temas funk ya existentes y los prolongaban dejando caer la aguja repetidamente sobre una misma sección. Durante estas fiestas, el propio DJ o una figura conocida como «hype man» se apoderaba del micrófono y animaban al público con cánticos rítmicos y frases de llamada-respuesta. El papel del «hype man» se fue haciendo cada vez más relevante y acabó siendo una forma de arte por derecho propio que llevó a la génesis del rap. Por otro lado, los avances en la tecnología musical permitieron a los DJ muestrear breakbeats durante períodos más largos, lo cual dejaba más tiempo para rapear sobre la base de percusión. Tal como había ocurrido con la música soul, el hip-hop se consagró como la expresión musical dominante de la cultura negra en los Estados Unidos. Actualmente, la influencia del hip-hop va mucho más allá de lo musical: está en todas partes, desde la moda, el arte, el breakdance y la coreografía moderna hasta los deportes, la televisión y el cine.

Los pioneros

  • DJ Kool Herc
  • Grandmaster Flash and the Furious Five 
  • Fab 5 Freddie
  • Cold Crush Brothers
  • The Sugarhill Gang (“Rapper’s Delight”)
  • Run-DMC 
  • Erik B & Rakim
  • Afrika Baambaataa

Originado en

Principios de los años 80

Mientras el éxito del hip-hop crecía en todo el país, otro movimiento se gestaba en los clubes underground de Chicago. Los DJ y productores musicales empezaron a experimentar con sonidos electrónicos y ritmos mecánicos, y se dedicaron a remezclar canciones disco con bases y líneas de bajo más contundentes. Así nació el house, que rápidamente sedujo al público tanto estadounidense como internacional. El género se fue transformando en una amplia variedad de estilos de música electrónica y de baile, y actualmente ejerce una fortísima influencia sobre el pop.

Los pioneros

  • Frankie Knuckles (“Godfather of House”)
  • Ron Hardy
  • Larry Levan
  • Harry Heard
  • Robert Owens 
  • Fingers Inc.

A fondo: la lista de reproducción de Judith Hill para una auténtica apreciación de la música afroamericana

Nuestro viaje a Nashville inspiró a Judith Hill para organizar una selección de canciones de algunos de los artistas y músicos que conformaron el paisaje musical de los Estados Unidos.

Lindsay Love-Bivens es la gerente de relaciones con artistas y con la comunidad de Taylor.

Lección de guitarra

Afinaciones menores abiertas

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¿Quieres un recurso fácil para ampliar tu vocabulario musical con afinaciones abiertas? Prueba los acordes menores al aire.

Leo Kottke, Joni Mitchell, Muddy Waters, Jimmy Page, Elmore James, Kaki King… En innumerables grabaciones clásicas de multitud de artistas podemos escuchar afinaciones abiertas, es decir, alteraciones de la afinación estándar (Mi-La-Re-Sol-Si-Mi) que crean un acorde al tocar todas las cuerdas al aire. Las afinaciones abiertas más habituales son, con mucha diferencia, los acordes mayores (y especialmente los de Re y Sol, ambos con su propio encanto). Sin embargo, las afinaciones menores abiertas guardan un secreto que puede aportar más variedad que las afinaciones mayores recurriendo a un cambio mínimo. Y es que, al añadir un dedo a cualquier acorde menor, puedes convertirlo instantáneamente en mayor. Este truco amplía la paleta musical, pero no es tan fácil de aplicar en las afinaciones mayores abiertas. Con esta lección, en la que nos centraremos en los acordes de Re menor y Sol menor al aire, aprenderás a duplicar tus posibilidades armónicas con solo mover un dedo.

Descarga la lección

Vea e imprima la notación musical para la lección de guitarra de Shawn.

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El plástico: un problema que nos envuelve

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Solo en California se generan más de 1,5 millones de toneladas de residuos de film transparente al año.

En Taylor ya llevamos años informando sobre nuestros esfuerzos para desarrollar prácticas comerciales más sostenibles. Los proyectos (y narrativas) más relevantes se han centrado en la cadena de suministro de maderas y en la promoción de un futuro más saludable para las especies que utilizamos, lo cual incluye a las comunidades que participan en esas formas de abastecimiento. Los «Tres Grandes», tal como los llama Scott Paul, el director de sostenibilidad de recursos naturales de Taylor, son el Proyecto Ébano en Camerún (que ha financiado una investigación revolucionaria sobre la ecología del ébano y ha lanzado un plan de replantación comunitaria de crecimiento escalable), la restauración de bosques nativos con plantaciones de árboles de koa en Hawái, y nuestro floreciente programa Urban Wood (Madera Urbana), cuyo objetivo es crear una economía circular basada en la construcción de guitarras con madera de árboles de ciudad que llegan al final de su vida y en el estímulo de proyectos de replantación en esas mismas comunidades.

Aunque estamos orgullosos de los progresos en esos frentes, el compromiso ético que defendemos nos exige que analicemos todos los aspectos de nuestras operaciones. Más concretamente, tenemos que identificar áreas en las que nos estamos quedando cortos y trabajar para solucionar esas carencias.

Esta filosofía nos ha llevado a realizar una revisión exhaustiva de los procesos de fabricación y del funcionamiento del campus. Durante los dos últimos años, Scott Paul ha blandido la vara de la sostenibilidad para dirigir una auditoría interna de nuestros éxitos y deficiencias. Y, aunque hemos logrado muchas cosas (por ejemplo, una drástica reducción de productos desechables de un solo uso en nuestras instalaciones, más estaciones de carga de vehículos eléctricos, un sólido programa de reciclaje de baterías, puntos de reposición de agua en edificios de todo el campus o un sofisticado cuadro de administración de nuestras necesidades de consumo de energía), últimamente hemos detectado un problema literalmente creciente: los envoltorios elásticos de plástico, es decir, el film transparente que usamos para asegurar el transporte de madera o de guitarras apiladas (en sus estuches) en palés o plataformas de carga.

Ese envoltorio es muy útil para proteger piezas y materiales valiosos, pero, dado el volumen de nuestras operaciones, echamos mano de él en grandes cantidades. El nivel de consumo no se acerca ni de lejos al de unos grandes almacenes, pero todo suma.

Antes, recolectábamos en balas el envoltorio usado y nuestro proveedor de gestión de residuos se lo vendía a un intermediario, que a su vez lo enviaba a China para el reciclaje. Pero, en el 2018, China prohibió la importación de la mayoría de plásticos. Y más tarde nos enteramos de que, muy posiblemente, en realidad ese plástico solo fue arrojado fuera del país o, aún peor, quemado en comunidades locales. Actualmente, nos está costando horrores encontrar una compañía con sede en Estados Unidos que recicle todo ese plástico. Nos hemos puesto en contacto con otras empresas, grandes y pequeñas, para saber qué hacen con el suyo. Pero eso solo nos ha servido para descubrir que, ahora mismo, nadie parece tener una solución viable.

También hemos hablado con varios proveedores de servicios para hacerles las mismas preguntas: ¿vais a revender el plástico? ¿Qué haréis con él? Si se recicla, ¿cómo acabará? ¿A qué distancia se transportará en camión o en barco? ¿Se exportará? Al parecer, la mayoría del film transparente acaba en vertederos o incinerado, como probablemente pasaba en China.

No nos importaría pagar para reciclar ese envoltorio de plástico si supiéramos que se hace de forma responsable y en instalaciones seguras y ecológicas, pero no queremos que acabe en un vertedero o incinerado. Así que, ahora mismo, no tenemos una solución. Y la bola se hace más grande cada día que pasa. Después de consultarlo con Scott, Bob Taylor decidió que nuestro primer paso hacia una mejora sería amplificar el problema haciéndolo más visible para todos los trabajadores del campus. Nuestro equipo de instalaciones empezó a llevar balas de envoltorio elástico usado al mismísimo centro de la zona de aparcamiento situada frente al almacén de envíos, y cada mes va añadiendo el nuevo material que acumulamos (unas dos o tres balas). Ya tenemos una pequeña montaña en proceso. Incluso hemos colocado un letrero con un mensaje que invita a la reflexión:

¿Qué es esto?

Es un problema que vamos a abordar. Estad atentos.

De hecho, las balas solo representan aproximadamente la mitad del material que utilizamos para envolver guitarras; la otra mitad sale de nuestra planta cuando enviamos palés.

Scott Paul apunta que este problema con los envoltorios de plástico no es exclusivo de Taylor.

«Solo hay que pensar en todo el film transparente que se desecha en grandes almacenes, supermercados y comercios minoristas de todo Estados Unidos», dice. «La mayoría se está llevando a vertederos, y una parte se está quemando».

El comité «Equipo Verde» de Taylor empezó a investigar posibles soluciones, incluidas opciones alternativas de reciclaje y el uso de otros materiales más fáciles de reciclar. Scott también buscó el consejo experto de una voz autorizada.

Jan Dell es una ingeniera química con 30 años de experiencia que ha trabajado en 45 países para grandes corporaciones del sector industrial. En su momento, dirigió programas de implementación de prácticas de sostenibilidad y resiliencia climática para empresas como Nike, Gap y Mattel, entre otras.

En el 2018 dio un giro a su carrera, se estableció como independiente y creó una ONG llamada The Last Beach Cleanup para frenar la contaminación provocada por el plástico. Una de sus campañas prioritarias está orientada a detener las exportaciones de residuos plásticos a países pobres. En el 2019 fue nombrada Exploradora de National Geographic y recibió una pequeña subvención para ayudar a algunas ciudades a reducir la contaminación de plásticos. Y en el 2020 entró a formar parte de la California’s Statewide Recycling Commission (Comisión Estatal de Reciclaje de California).

En abril, Dell visitó el campus de Taylor para reunirse con Scott Paul, Bob Taylor y una pequeña representación de otros empleados de Taylor que son miembros de nuestro grupo de trabajo informal. Como tenía que ser, la conversación introductoria se llevó a cabo enfrente de nuestra montañita de plástico. Dell compartió algunos de sus conocimientos, como la bofetada de realidad que supone saber que solo se recicla una pequeña parte de los residuos plásticos. Señaló que solo en California se generan más de 1,5 millones de toneladas de residuos de film transparente al año, pero que en California y Nevada solo hay unas pocas empresas de reciclaje de ese material que no tienen capacidad para reprocesar más de 45 000 toneladas. Eso representa más o menos un 3 % del total, así que no es ninguna sorpresa que el volumen de plástico de Taylor esté creciendo.

Hemos explorado el uso de productos alternativos que se venden como biodegradables, pero son menos efectivos. Además, Dell explica que existen otros obstáculos para promover el uso de esos materiales, como el hecho de que la mayoría de plantas de compostaje no aceptan residuos bioplásticos porque no se biodegradan de forma segura y pueden contaminar el compost.

«Hoy en día, los vertederos están diseñados para prevenir las emisiones de metano de los materiales almacenados, así que el film transparente no se biodegradará y no desaparecerá en un vertedero», añade.

Según Dell, lo mejor que podemos hacer en Taylor es seguir minimizando el uso de plástico en la medida de lo posible. También es buena idea intentar aumentar la demanda de envoltorios de plástico con un porcentaje de contenido reciclado solicitando el suministro de este material a nuestros proveedores y animando a otras empresas a hacer lo mismo. Esto ayudará a ampliar la infraestructura de la cadena de suministro en torno al producto y a acelerar su uso.

A nivel de empresa, nuestra «exposición» de plástico ya ha generado su impacto entre los empleados. Después de sacar a la luz este problema en nuestro boletín interno, varios trabajadores de Taylor (es decir, algunos de sus nuevos empleados-propietarios) han impulsado iniciativas para reducir el consumo de envoltorio elástico en sus departamentos.

Entretanto, no dejaremos de investigar con la ayuda de personas como Dell y de buscar activamente opciones más adecuadas. Seguiremos informando sobre el estado de nuestros residuos plásticos y las soluciones alternativas que vayamos desarrollando.

La selección musical de Wood&Steel / Junio del 2021

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Te dejamos una selección de temas nuevos y recientes de la familia de artistas de Taylor, desde el intenso R&B de Judith Hill hasta el rock independiente de Manchester Orchestra.

La llegada del verano (o del invierno para nuestros amigos del hemisferio sur) es la excusa perfecta para proponer una nueva lista de Spotify con una ecléctica alineación de artistas de Taylor. Con un poco de suerte, estas sugerencias te harán descubrir nuevos horizontes musicales a explorar.

Wood&Steel, Junio del 2021

Estés donde estés y hagas lo que hagas durante los próximos meses, esperamos que tengas la oportunidad de relajarte, tocar la guitarra, reunirte con amistades que probablemente no hayas visto en mucho tiempo y escuchar buenas canciones.

El camino a seguir

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En todo el mundo, los artistas y sus seguidores encontraron formas de mantener la música viva en una época en la que prácticamente se suspendió toda actividad.

El 2020 fue un año de tremendos desafíos, especialmente en el ecosistema de la música. Este sector resultó ser particularmente vulnerable a una crisis que cerró los espacios públicos y obligó a la gente a quedarse en casa sin salir excepto para las necesidades esenciales. Esta situación traumática afectó a músicos de todo pelaje, ya que se cancelaron espectáculos, se pospusieron giras y se anularon festivales. Locales de todos los países cerraron sus puertas; lamentablemente, algunos lo hicieron por última vez, ya que no sobrevivieron a las consecuencias económicas de la pandemia. En el mundo exterior, parecía que la música simplemente había dejado de existir.

Pero en el escenario digital, la vida bullía. Los artistas se recluyeron en dormitorios, salas de estar, sótanos y apartamentos abarrotados. Y, tirando de orgullo y determinación, se pusieron a crear música buscando nuevas formas de compartirla con el mundo. Aunque los sellos discográficos eran reticentes a promocionar a nuevos artistas y las emisoras tampoco estaban muy predispuestas a radiar su música, siguieron escribiendo canciones, grabando discos y tocando para sus fans. El término «álbum pandémico» pasó a ser un lugar común en las reseñas de los críticos, sugiriendo una especie de cápsula del tiempo musical que probablemente será muy estudiada en los próximos años. Los artistas recurrieron a la tecnología para seguir ofreciendo música a sus seguidores: las redes sociales y las transmisiones en directo tomaron el lugar de las discográficas y las promotoras. Creadores de todos los niveles de popularidad se lanzaron a Instagram, Facebook y TikTok para compartir nuevos temas, hablar con los fans e incluso componer canciones en directo ante el público. Todo ello fue un testimonio tanto de la necesidad esencial de crear y escuchar música como de la capacidad de los artistas y oyentes para adaptarse sobre la marcha y crear nuevas vías para vivirla.

Los músicos se suben al tren del streaming

Remando contra corriente, los artistas empezaron a profundizar en sus conexiones con la comunidad musical para volver «a escena» sin poner en riesgo la salud pública. Esas apariciones, transmitidas a través de sitios web de músicos, redes sociales o plataformas dedicadas como StageIt, no solo sirvieron como fuente de ingresos tanto para el canal como para el artista en un momento de vacas flacas, sino que también ofrecieron música en directo a un público que la echaba de menos desesperadamente. Hace solo un par de años, este tipo de experiencia hubiera sido imposible. Y no a causa de la tecnología o la logística, sino simplemente porque nadie estaba dispuesto a pagar por un concierto que no era realmente en directo en el sentido de todo lo que el término implica para los amantes de la música: la proximidad de los intérpretes, la inmersión en el sonido y la sensación de vibrar y compartir esa energía junto con muchas otras personas tan metidas en la experiencia como uno mismo.

Pero si la gente empezó a pagar por los conciertos virtuales, no fue solo porque «lo bueno de verdad» se había perdido. El hecho fue que la naturaleza del streaming se adaptó a la nueva demanda no solo de música en directo en el mundo digital, sino también de conexión y sensación de comunidad en un momento en que la mayoría del público estaba atrapado en casa. En lugar de ofrecer actuaciones que bien podían haber sido grabadas previamente, los artistas empezaron a diseñar espectáculos que implicaban una aportación directa del público.

Mira a los Switchfoot tocando su canción «Float» en un episodio de The Fantastic NOT Travelling Music Show filmado desde un globo aerostático.

Los nombres ya reconocidos aprovecharon la lealtad de sus fans para programar citas semanales en las que tocaban canciones originales, versiones y peticiones de la audiencia, muchas veces con una nutrida dosis de comentarios de los músicos y conversaciones con los asistentes. La banda de rock alternativo Switchfoot, establecida en San Diego, fue una de las primeras en definir una fórmula de trabajo para ofrecer streaming en directo de pago. A través de su propuesta, llamada «The Fantastic NOT Travelling Music Show» («el fantástico espectáculo musical NO ambulante»), sus seguidores podían comprar entradas para asistir a transmisiones individuales una vez a la semana o abonar una tarifa mensual muy razonable para obtener acceso a todos los espectáculos (destaquemos que la banda hace un gran esfuerzo para que todos ellos sean frescos y entretenidos). Tim Foreman, bajista de Switchfoot, comenta que esta plataforma nació del doble propósito de continuar uniendo a la gente a través de la música y de apoyar al equipo de gira de la banda cuando los ingresos generados por los conciertos se evaporaron.

«Para nosotros, la música siempre ha sido el camino, incluso cuando no sabemos por dónde seguir», dice Foreman. «Así que no tengo palabras para explicar lo emocionante que fue el primer streaming en directo que hicimos en junio. Volver a tocar música con otras personas fue una sensación increíble».

Al parecer, todo el mundo sentía exactamente lo mismo. Muy pronto, las transmisiones en directo dejaron de ser una experiencia de visualización unidireccional para convertirse en un diálogo en el que los artistas podían interactuar directamente con los fans, responder preguntas, recibir peticiones de canciones y, en general, forjar un tipo de conexión con el público que no es posible con la música en directo tradicional. Foreman presiente que, aunque toda la banda y el mundo de la música en general está deseando volver a las «auténticas» actuaciones en directo, el streaming se convertirá en una modalidad habitual de la creación musical y la generación de audiencias.

«Creo que todos estamos de acuerdo en que el streaming no puede sustituir a la música en directo normal. Pero yo lo veo como un vehículo totalmente distinto que permite a los músicos crear una relación muy profunda con sus seguidores y despliega un abanico de oportunidades inaudito, especialmente a nivel internacional. Ahora tocamos en directo para gente de países que jamás hemos visitado, y yo estoy a solo unos kilómetros de mi casa. También hemos conocido a personas con problemas médicos que les impiden ir a conciertos, y esto les ha abierto las puertas a un mundo nuevo. Hay un sinfín de situaciones».

Los locales se ponen las pilas

La explosión del streaming en directo también ha ayudado a impulsar otras facetas de la industria de la música. Algunos locales físicos se subieron al carro digital y trabajaron junto con los artistas para crear escenarios semipermanentes con cámaras e iluminación para transmisiones en directo. Con este tipo de actuaciones, el público podía comprar entradas y sentir el entusiasmo de volver a ver música en directo, aunque fuera a través de un ordenador o una pantalla de televisión. Grandes recintos de todo el territorio de los Estados Unidos, como el Red Rocks Amphitheatre de Colorado o el Hollywood Bowl de Los Ángeles, hicieron lo que pudieron para ofrecer una programación virtual de conciertos de pop, obras sinfónicas y otras formas de entretenimiento a través de streaming en directo y con entrada.

Los locales más pequeños también se pusieron manos a la obra. El Belly Up Tavern, una popular sala de conciertos de San Diego (y lugar predilecto de muchos miembros del equipo de Taylor), invitó a su escenario a diversos artistas de renombre para mantener vivo el pulso musical de la ciudad ante un público virtual. Por ejemplo, se programaron actuaciones del artista de Taylor The White Buffalo y de Ziggy Marley, y se celebró el 50 cumpleaños de la leyenda local Steve Poltz, cuyo «Quarantine Blues» ha estado circulando por las redes sociales durante meses. En todo el planeta, parece que los locales han hecho suya la cita de Thoreau que lucía en la fachada del Belly Up a principios de este año: When I hear music, I fear no danger («cuando escucho música, no le tengo miedo a nada»).

Ese sentimiento pareció resonar entre todos los amantes de la música. Y en ningún lugar se manifestó tan claramente como en las redes sociales, donde los artistas encontraron la llave para abrir puertas que tradicionalmente habían estado cerradas. Las consecuencias de la pandemia arrojaron luz sobre el negocio de la música, revelando brechas en los métodos que utiliza la industria para encontrar y promover nuevos artistas y sacando a flote oportunidades de interacción con otros tipos de músicos, sobre todo jóvenes que han crecido compartiendo sus creaciones y sus vidas en las redes sociales. En definitiva, la pandemia no solo no ha limitado la aparición de nueva música, sino que en muchos sentidos ha actuado como una olla a presión para artistas emergentes que ya estaban en buena posición para capitalizar el salto al escenario digital.

La música se socializa

En este contexto, el espíritu de «Juan Palomo» del streaming en directo se extendió por todo el mundo. Para muchos artistas, esto supuso algo más que una solución provisional al problema de los locales cerrados, ya que abría una vía de acceso al negocio para gente que aún no estaba vinculada a la maquinaria de las discográficas.

Para la compositora de pop Emma McGann, el auge de la transmisión en directo en las redes sociales representó una reivindicación del trabajo que ya había hecho, y la aupó a lo más alto de esta nueva forma de promoción (descubre sus trucos en el recuadro lateral «Cómo niquelar un streaming profesional»). Otros artistas tuvieron la oportunidad de acumular y retener una base de fieles seguidores que antes habría sido impensable para la gran mayoría de músicos. Y, aunque hubo personas de todos los orígenes, edades y géneros que se apuntaron al streaming en directo, los que realmente la rompieron en las redes sociales fueron los jóvenes artistas emergentes.

Las formas que adoptan esas transmisiones son tan variadas como los propios músicos. Algunos de ellos optaron por una estructura parecida a una noche de micro abierto virtual con transmisiones de una o dos horas en YouTube o Twitch, el popular servicio de streaming de videojuegos. Otros recurrieron a un enfoque más conversacional en plataformas como Instagram y TikTok, que lo ponen más fácil para recibir comentarios del público en tiempo real y responder directamente a las peticiones o preguntas de los seguidores. Hubo músicos que exhibieron sus habilidades de improvisación satisfaciendo solicitudes de canciones en el momento, o que crearon un entorno colaborativo con los espectadores para proponer ideas de canciones o fragmentos de letras y trabajarlas junto con el público. Internet se llenó tanto de recién llegados como de veteranos de la industria que se volcaron en las redes sociales para impulsar sus carreras musicales. Algunos de ellos incluso se vieron catapultados al estrellato más allá de TikTok e Instagram.

@ratatousicalmusical

#RatatouilleMusical is back for an one night only encore performance to benefit @theactorsfund. Join only on TikTok live tomorrow at 8 PM ET!

♬ original sound – Ratatouille The TikTok Musical

Desde el inicio de la pandemia, la música ha adoptado muchas formas en las redes sociales y ha unido a la gente de maneras que nadie podría haber previsto hace apenas un año. En una esquina de TikTok, millones de personas quedaban cautivadas por cantantes y músicos que producían canciones de marineros (lo cual desencadenó una larga tendencia que ayudó a potenciar nuevas carreras). En otros lugares, grupos de melómanos se reunían para crear una versión musical totalmente en línea de la popular película de Pixar Ratatouille. Independientemente del producto final, la gente encontraba formas de seguir haciendo música lejos de los ensayos y las grabaciones en estudio. Por todas partes, las redes sociales rebosaban de demostraciones del poder de la música para conectar e inspirar a las personas en cualquier circunstancia.

Cómo niquelar un streaming profesional

En circunstancias normales, Emma McGann habría pasado el 2020 recorriendo los Estados Unidos, tocando en directo por todo el país y vendiendo merchandising en las mesas abarrotadas de los locales. Esta cantautora británica tenía que haber iniciado su gira en abril, pero el plan rápidamente se fue al garete debido a los confinamientos que asolaron los Estados Unidos y el resto del mundo en marzo del año pasado.

Afortunadamente, McGann ya contaba con recursos para crear y compartir música de formas alternativas, y llevaba años transmitiendo en directo desde su casa al norte de Londres. Gracias a esa experiencia, McGann se encontraba en una posición de privilegio cuando azotó la pandemia y todos los locales cerraron, ya que estaba mucho mejor preparada para reaccionar que la inmensa mayoría de profesionales de la música forzados a amoldarse a las redes sociales en cuestión de semanas.

McGann ha imaginado un espacio ideal para sus transmisiones en directo. Se trata de un estudio de filmación con un telón de fondo tropical y vívidos fluorescentes con una estética de neón retro que combina con su cabello heterocromático. La sala tiene una estética muy particular que aporta un ingrediente clave a la receta para un streaming de éxito: el reconocimiento. Con solo llegar a una de sus publicaciones en Instagram o vídeos en TikTok, inmediatamente sabrás que has entrado en su mundo, porque esas luces iridiscentes y el frondoso fondo vegetal son inconfundibles. Pero este es solo un elemento del espacio musicalmente idílico que McGann ha creado. Su guarida está equipada con equipos de cámara y grabación, una estación de audio digital y una guitarra (normalmente una Taylor) seleccionada por la artista para su actuación del día.

Actualmente hay muchos artistas que se están iniciando en el streaming en directo en las redes sociales, así que le pedimos a McGann que elaborara una miniguía sobre los conceptos básicos de la interpretación de música, la filmación de vídeos y la interacción con los fans a través de Internet. Mira el vídeo y averigua cómo una profesional experimentada creó su ecosistema musical perfecto.

La contribución de Taylor a la era de la pandemia

En Taylor, el deseo de seguir creando música fue una consecuencia natural de nuestro legado como fabricantes de guitarras, las relaciones con la comunidad artística en general y la humilde esperanza de que lo que hacemos desde nuestro rinconcito del mundo de la música podría ayudar a la gente a superar un momento difícil. Mientras avanzábamos como buenamente podíamos con lo que mejor sabemos hacer, contactamos con nuestra familia de artistas y creadores de contenido, y también acabamos aportando algo de música. El resultado fue «I Know What Love Is (Because of You)», una canción original escrita por Keith Goodwin y grabada por Gabriel O’Brien.

Goodwin, líder de la banda Good Old War, la había compuesto en memoria de su abuela fallecida durante la crisis de la COVID, y se alió con nuestro compañero Jay Parkin para convertir lo que entonces era el esqueleto de una canción en un single de altos vuelos. Sin embargo, después de redondear el tema y grabar varias pistas, los dos músicos se sintieron inspirados para ir más allá.

Con una canción ya terminada en la mano, Goodwin y Parkin hablaron con artistas de todo el mundo (intérpretes, cantantes, compositores e ingenieros de sonido relacionados con Taylor) en busca de colaboraciones para la grabación. Algunos de ellos añadieron nuevas partes de guitarra, teclados o bajo, y otros cantaron frases o hicieron coros. Al final, en el proyecto participaron más de 50 músicos (como Zac Brown, KT Tunstall o Jason Mraz, entre muchos otros) que enviaron cientos de pistas al ingeniero de sonido Gabriel O’Brien, colaborador habitual de Taylor y auténtico as de la grabación. Gracias a su heroico esfuerzo, el tema vio la luz en forma de single acompañado por un vídeo musical.

Más de 50 artistas de todo el mundo aportaron su granito de arena a «I Know What Love Is», que continúa generando donaciones para la fundación MusiCares.

En el momento de la publicación de este artículo, «I Know What Love Is» llevaba más de 1 millón de escuchas en Spotify y cientos de miles en otros servicios. También ha sido reproducida por emisoras de radio de los Estados Unidos y ha aparecido en publicaciones como American Songwriter.

Para rematar, la canción ha recaudado miles de dólares para MusiCares, una organización asociada a la GRAMMY Foundation que ofrece ayuda básica a profesionales y familias que dependen de la industria de la música para ganarse la vida. MusiCares ha sido un apoyo esencial especialmente para las personas que hacen posible la creación e interpretación de música gracias a su trabajo entre bastidores en salas de conciertos, autobuses de gira y estudios de grabación. Las actividades de esta organización cubren mucho campo, desde la asistencia para necesidades vitales y pagos de alquiler hasta la atención psicológica y el asesoramiento sobre abuso de sustancias. Y, si Keith Goodwin estuvo tan implicado en la grabación de la canción y su posterior promoción, fue en parte porque MusiCares ha jugado un importante papel tanto para él como para personas muy próximas.

Keith Goodwin interpreta una versión minimalista de «I Know What Love Is».

«MusiCares prácticamente les salvó la vida a algunos de mis mejores amigos apoyándoles en procesos de rehabilitación. Y, ahora, yo quiero ayudar a MusiCares en todo lo que pueda».

Para otros profesionales que participaron en el proyecto, como el superproductor Will Yip, la reanimación de la comunidad musical en sentido amplio también tenía que ver con mantener viva la música en momentos difíciles.

«Los artistas, los técnicos de gira, los ingenieros… todos necesitan ayuda, porque el mundo les necesita. El mundo necesita su arte. Estas iniciativas me hacen sentir inmensamente agradecido».

Al Bettis y su banda tocan «I Know What Love Is».

Hace poco, organizamos varias reuniones con Keith Goodwin y otros músicos que participaron en la creación de la canción. Todos ellos compartieron versiones en crudo de «I Know What Love Is», es decir, interpretaciones en solitario de una canción que en realidad involucró a un montón de artistas. Y el hecho de que esas pistas individuales sean capaces de sostener e incluso elevar el poderoso mensaje de la canción es una prueba tanto de las dotes de composición de Goodwin como del poder de la música para conectarnos emocionalmente con un mundo superior a nosotros.

Nadie puede negar el impacto de la pandemia en la industria musical a nivel global. Mucha gente pasó el año pasado exclusivamente tratando de capear el temporal. Pero, a veces, circunstancias extrañas generan resultados impredecibles, y la música encontró una forma no solo de resistir, sino también de avanzar. Desde la eclosión del streaming en directo hasta la rápida evolución musical en las redes sociales y la inspiradora solidaridad floreciente en el seno de la industria, la música siempre encuentra su camino.

  • 2021 Edición 1 /
  • Clases de guitarra: el tono, la postura y el uso de la cejilla

Clases de guitarra: el tono, la postura y el uso de la cejilla

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El guitarrista y director musical Nicholas Veinoglou nos muestra algunos trucos sencillos que te ayudarán a expandir la paleta sonora de tu guitarra y refinar tu técnica de ejecución.

Por Nicholas Veinoglou

Tanto si llevas toda la vida tocando como si estás dando tus primeros pasos en el mundo de la música, tener un buen conocimiento de algunos conceptos básicos de la guitarra acústica contribuirá a que tus sesiones de práctica sean más productivas y elevará tus interpretaciones a otro nivel. Compruébalo con estas lecciones rápidas de Nicholas Veinoglou, un extraordinario profesor de guitarra con muchos años de guitarras Taylor a sus espaldas.

Postura de ejecución

La forma en que sostienes la guitarra al tocar puede afectar drásticamente a tu técnica. Sigue los consejos de Nicholas para enderezar tu postura, mantener una posición cómoda y dejar que tu cuerpo fluya con el instrumento.


A tono

A pesar de su diseño tradicional, la guitarra acústica es capaz de producir una amplia gama de colores musicales según cómo la toques. En este vídeo, Nicholas te enseña algunos recursos fáciles para sacarle nuevos sonidos a tu instrumento.


Uso de la cejilla

La cejilla es una pieza esencial en la caja de herramientas de cualquier guitarrista. Con ella puedes variar la tonalidad natural de tu guitarra acústica sin tener que cambiar la afinación, lo cual te permite tocar y cantar en un rango que se adapte a tus capacidades. Si quieres saber cuándo y cómo usar una cejilla con tu acústica, no te pierdas estos consejos de Nicholas.

shawn persinger playing taylor acoustic guitar

Buenas prácticas

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En los últimos meses, mucha gente se está apuntando a tocar la guitarra. Y es tan importante aprender a practicar correctamente como pasárselo bien.

Si le preguntas a cualquier persona relacionada con el mundo de la guitarra (fabricante, vendedor, consumidor, artista, periodista, etcétera), te dirá que estos tiempos de COVID están siendo muy inusuales para el sector. Hace solo un par de años, grandes medios de comunicación como The Washington Post, Billboard, Fortune, etcétera, se lamentaban del declive que estaba experimentando la guitarra. Pero, en el verano del 2020, la demanda subió tantísimo que los fabricantes no daban abasto, las tiendas se quedaron sin existencias y los músicos buscaban de todo, desde Stratocasters hasta juegos de cuerdas. Al parecer, en momentos difíciles, ¡se compran guitarras!

Esto me lleva al tema de la práctica. Como profesor, la queja/excusa/justificación que más escucho a los estudiantes cuando creen que progresan lentamente (a su juicio, no al mío) es que les falta tiempo para practicar. Y, en las circunstancias actuales, muchos de ellos están descubriendo que quizá el enemigo real no es el tiempo, sino el mal uso que hacemos de él.

En cualquier caso, el mero progreso tampoco debería ser nuestra máxima preocupación ahora mismo. En cambio, ¿qué tal si nos divertimos un poco? Dedicar más tiempo a tocar es tan importante como invertirlo en practicar. Y yo espero que puedas encontrar un equilibrio entre ambas cosas. En este artículo quiero hacer una reflexión sobre la importancia de la música en nuestras vidas y ayudarte a crear un entorno en el que, independientemente de si estás empezando o ya tienes experiencia con la guitarra, puedas practicar, aprender, crecer, crear, compartir y divertirte.

Toca cosas que te hagan vibrar

Toca, sin más. Coge la guitarra y pásatelo bien. Toca esa canción que has repetido hasta la saciedad como si fuera la primera vez. ¿Te acuerdas? Vaya sensación, ¿eh?

En mi caso, hay dos momentos cruciales en mi carrera como guitarrista que se me han quedado grabados. El primero fue aprender a tocar la guitarra rítmica de la canción de los Scorpions «Rock You Like a Hurricane». ¡Fue alucinante! ¡Casi parecía una canción de verdad cuando conseguí que me saliera! Desde luego, sonaba mucho mejor que los acordes de Sol y Do en primera posición del famoso libro didáctico de Mel Bay. Hasta el día de hoy, lo único que tengo que hacer para recuperar la chispa con la guitarra es atacar los power chords sincopados de la intro de esa canción, que me transportan instantáneamente hasta aquel novato de 13 años ansioso por tocar, practicar y seguir aprendiendo.

El segundo momentazo que tengo incrustado en la mente y que aún me impulsa a seguir mejorando se produjo unos años después, cuando mis conocimientos habían avanzado ligeramente. Aquella extraordinaria experiencia ocurrió una tarde en la que me estaba abriendo camino, con cautela pero con inmenso placer, por una adaptación al fingerpicking del «Jesús, alegría de los hombres» de J. S. Bach. Siempre que vuelvo a tocar esa pieza en particular, me envuelven dos recuerdos sensoriales: primero, la emoción de ver que era capaz de tocar (aunque deficientemente) una composición tan monumental y, segundo, la constatación de que mi novia de entonces se quedaba hipnotizada al escucharla (no estoy para nada seguro de que eso fuera así, pero el autoengaño también tiene sus ventajas).

Ese tipo de sensaciones prueban que el hecho de tocar la guitarra va más allá de lo auditivo y lo inmediato. Resuena a través del tiempo en lo emocional, lo físico y lo espiritual. Esas canciones que te encantan y que aprendes a tocar tendrán un impacto muy duradero, de manera que es importante saber reconocer esos momentos de euforia y disfrutar de ellos. Quizá no se materialicen con la frecuencia que todos desearíamos, pero justamente esa es una de las cosas que los hacen especiales.

No corras

Por supuesto, la razón por la que conseguí tocar la pieza de Bach de forma pasable era que había practicado durante varios años (tampoco hay que subestimar el estímulo de apuntarse un tanto delante de alguien especial). Bueno: eso, y que tenía la tablatura. La rutina de tocar, practicar, tocar, practicar (o practicar, tocar…) se convirtió en un pilar de mi existencia, y así sigue siendo hasta la actualidad. Seguro que a muchos de vosotros os pasa lo mismo. Sin embargo, incluso teniendo el tiempo y la motivación, es muy habitual que a los guitarristas les cueste encontrar qué practicar y cómo hacerlo. Esa cuestión se puede resolver de muchas maneras, pero hay una norma en concreto que debería ayudar a cualquier músico a consolidar la eficiencia de su tiempo de práctica: ¡no corras!

Mira la técnica de Shawn para practicar con metrónomo.

He perdido la cuenta de los estudiantes que me han confesado: «llevo años tocando esta pieza, pero siempre meto la pata en esta parte». Esas partes problemáticas pueden ir desde una estructura de fingerstyle complicada hasta una frase rápida con púa alterna, un estiramiento de siete trastes que parece inalcanzable o un acorde de Si menor mal ejecutado.

Yo he llegado a la conclusión de que algo tan simple como ir más lento hace maravillas con esos obstáculos aparentemente insalvables. Pero eso significa que tienes que tocar dolorosamente despacio, muy por debajo de la velocidad que a uno le gusta de forma natural. Si el tempo real de la pieza es de 120 bpm (es decir, con el metrónomo ajustado a 120 y a razón de una negra por cada golpe), para practicar deberías bajar la velocidad hasta 30 bpm, cuatro veces más lento. Seamos sinceros: ¡se te hará aburridísimo! De hecho, te parecerá tan imposible seguir el metrónomo ajustado a 30 bpm que yo te aconsejo que lo pongas a 60 y toques una negra cada dos golpes (eso es lo mismo que tocar negras a 30 bpm, pero da la sensación de que vas más rápido porque los golpes suenan con más frecuencia). A este ritmo, la mayoría de los intérpretes descubren que lo difícil no es la propia secuencia de notas, sino tocar esas notas a tempo. Aun así, muchos guitarristas siguen negándose a ralentizar los pasajes y se engañan a sí mismos obligándose a practicar toda la pieza a un tempo constante. Y no: los grandes músicos no ensayan así. El tempo de interpretación debe ser uniforme, pero los tempos de práctica varían, y cada frase individual requiere su propia velocidad.

Cuando seas capaz de ejecutar a 30 bpm la frase en la que antes te encallabas, ¡te darás cuenta de que sí que podías tocar las notas! Desde ahí, ve aumentando la velocidad dos puntos de metrónomo cada vez. Sube de 30 a 32 bpm: será pesado, pero te dará resultados. Sigue con este método sumando dos o cuatro puntos de metrónomo cada día hasta alcanzar tu propio tempo de interpretación. Esto se te hará larguísimo (puede llevarte incluso meses), pero he visto a muchos músicos que practican esas frases de forma descuidada durante años y nunca llegan a tocarlas bien.

El tema es que quizá nunca consigas ejecutar esa parte al tempo de interpretación original. Pero así es el juego… Sencillamente, hay guitarristas que tocan más rápido que otros, igual que algunos atletas son más veloces, o más corpulentos, más fuertes, etcétera. Sin embargo, nada de eso significa «mejor». La gracia es que encuentres tu propio tempo de interpretación y, a partir de ahí, le des tu identidad personal a la pieza. No olvides que tú tienes tu propio sonido, tono, fraseo, ataque, textura… Y, si logras realzar esas cualidades, te prometo que nadie tendrá jamás ninguna queja sobre el tempo.

No me gusta generalizar, pero cuando los músicos experimentados empiezan a interiorizar nuevas técnicas y canciones de forman natural (incluso después de años de arduo trabajo antinatural), luego suele faltarles paciencia para «desacelerar» las nuevas frases que les cuestan, y ya no digamos las antiguas… Entonces, lo que hacen es quejarse de que las notas desconocidas son demasiado laboriosas. Y la consecuencia es que difícilmente pasarán de cierto umbral. Está claro que los mejores intérpretes se forjan no solo con habilidad, sino también con paciencia. Así que, principiantes: quedaos con esta idea y acostumbraos desde el principio a practicar despacio y con un objetivo deliberado.

Grábate en vídeo (¡pero no lo publiques!)

Un consejo esencial que les doy a mis estudiantes es que toquen con otros músicos siempre que puedan. Tu desarrollo se multiplicará de una forma espectacular por muchas razones. Desgraciadamente, en estos tiempos de distancia social, los artistas tienen menos oportunidades que nunca para confraternizar. Por lo tanto, te voy a sugerir una alternativa que, si bien no es un sustituto ideal, puede ser un recurso válido (y que deberías seguir utilizando en la era post-COVID).

Grabar en vídeo tus sesiones de práctica puede ayudarte a progresar. Shawn te explica cómo.

¡Empieza a grabar en vídeo tus rutinas de práctica y mírate inmediatamente después! Analízate: cuando te veas tocar, observa qué funciona y qué no. Si el resultado es bueno, no cambies nada aunque tu técnica se te haga extraña. Si suena bien, es que va bien. No creo en el dogma de una técnica o un estilo de interpretación perfectos. Si a ti te vale (como a Hendrix el pulgar por encima del mástil, a Jeff Healey la guitarra colocada en horizontal o a Django tocar con tres dedos), lo demás no importa para nada. Yo solo recomiendo a un estudiante que cambie de técnica si veo que le está causando dolor o que no le ayuda a mejorar.

En principio, en tu vídeo podrás ver y escuchar enseguida si tu técnica te sirve o no. Si te parece que no funciona, prueba otras alternativas. Dedica algo de tiempo a buscar en Internet: aunque hay infinitas lecciones en vídeo de calidad variable, he detectado que las mejores tienden a subir a las primeras posiciones en los resultados de búsqueda, así que empieza por los vídeos más populares. Haz que la labor de investigación se convierta en una parte de tu rutina de práctica. ¡Esos 10 o 20 minutos de búsqueda de las lecciones que mejor se adapten a ti pueden valer toda una vida de goce musical! A continuación, lleva los frutos de ese trabajo de búsqueda a tu interpretación y grábate en otro vídeo. En serio: haz un esfuerzo por filmar y visionar todas tus rutinas de práctica durante la próxima semana o mes, y valora si eso te ayuda a progresar. Sócrates escribió que «una vida sin examen no merece ser vivida». Mi versión musical sobre ese lema podría ser: «una interpretación sin examen no merece ser escuchada».

Sobre todo, la idea es que utilices el vídeo para avanzar hacia tu objetivo, y no para documentarlo. Así que no publiques esos vídeos de práctica en Internet, porque son solo para tu uso privado y personal.

Última estrofa

Debo advertirte que, incluso siguiendo estos consejos, tu vida como guitarrista continuará atravesando altibajos. Eso es normal y esperable. La interpretación y el estudio de la música son una cruzada que no termina nunca. Tendrás días buenos y días malos; probablemente más malos que buenos si eres constante en tu afán por mejorar. La ironía es que un mal día que acaba en una conquista puede ser más gratificante que un buen día pasado por alto. Como decía al principio, espero que encuentres un equilibrio entre la diversión y el trabajo en estos tiempos tan complicados. En el futuro, la historia analizará este período desde una óptica multifacetada, y no hay duda de que la música y las artes habrán contribuido muchísimo a aliviar los malos momentos. Afortunadamente, cuando las cosas ya tengan otro color, la música seguirá estando ahí.